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Etapa 3. Sierras de Caldeirao y Monchique

Sao Bras de Alportel


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Atravesamos estas bien conservadas sierras disfrutando de sus valles cultivados y de una naturaleza que los alterna con frondosos pinares, zonas de monte bajo, alcornoques, encinas, rododendros, castaños, madroños y repoblaciones de eucaliptos. Francisco Díaz

Comenzamos este largo recorrido en la pequeña gasolinera Galp situada al norte de Sao Bras de Alportel, saliendo del pueblo en dirección a Almodóvar y Alportel. A la entrada de esta última población giramos a la izquierda, en dirección ahora hacia Sao Romao. Seguimos, después, entre huertos por una estrecha pista asfaltada que tras pasar un puente y llegar a un cruce (casilla 6), se convierte en una ancha pista de tierra rojiza, que avanza sinuosa a través de una dehesa salpicada de encinas y alcornoques donde es fácil ver pastar rebaños de cabras o piaras de cerdos.

Al llegar a la población de Almarjao reencontramos el asfalto. Continuamos hasta un cruce en dirección Loule, hasta llegar a otro con una carretera de mayor importancia, donde giramos a la derecha hacia Salir (casilla 10). Apenas 800 metros después, tras una gran casa encalada, vamos a tomar una estrecha pista que se interna en un tupido bosque de monte bajo, encinas y carrascas. Pronto pasamos por una antigua fuente con la típica bomba de agua manual tan extendida en toda esta comarca de Portugal. La pista sigue bajando hacia el valle y pronto, al fondo, observamos la silueta de un fuerte o cuartel situado en lo alto de la colina que domina la confluencia de dos valles. Nos dirigimos hacia el fuerte abandonado, que nos proporciona unas excelentes vistas de toda la comarca, y desde el fuerte regresamos por el mismo camino apenas 700 metros, para vadear el río, y continuar por el lado contrario del valle. En la casilla 16 retomamos de nuevo el asfalto, y el rutómetro continúa por una pista, señalizada en dirección “Cesteiro”, que no es otra cosa que la vivienda de un artesano que de forma totalmente tradicional elabora todo tipo de cestos y trabajos con las cañas que crecen en el cercano arroyo.

A partir de la casa del “cesteiro” hay una señal que indica que el camino está cortado. Esto no es realmente cierto, y el propio artesano nos indicó que en un todoterreno se podía continuar, aunque no nos advirtió que el camino se convertía en una “trialera” llena de grandes piedras entre un túnel de vegetación. Si no se quiere rayar el coche o se va a hacer la ruta en un todocamino, no es recomendable continuar por este tramo, por lo que lo mejor es dar la vuelta en casa del “cesteiro”, llegar otra vez al cruce de la casilla 16, y situándonos en el mismo punto en el que salíamos del camino del valle, seguir de frente, pasando entre el río y una gran construcción que parece un antiguo molino. Unos quinientos metros después sale a nuestra izquierda un camino señalizado que nos conduce al puente de la casilla 20, donde debemos girar a la derecha para retomar el rutómetro.

Volviendo al rutómetro, la trialera finaliza atravesando el arroyo. Llegamos a una pequeña zona de recreo con mesas junto a dicho arroyo, en una zona muy fresca donde bien se puede hacer una parada. Luego continuamos por la pista, que ya no plantea problemas hasta que llegamos otra vez al asfalto, y seguimos por la carretera en dirección Salir. En la casilla 22 accedemos a otro cruce donde giramos a la izquierda, de nuevo en dirección Salir, y apenas 600 metros después, justo antes de un puente, tomamos una pista a la derecha que arranca paralela al cauce del río. Pronto la pista asciende, y nos internamos en una maraña de caminos entre un bosque de monte bajo, pinos y algunos eucaliptos.

Los cruces se suceden cada pocos metros, por lo que es necesario estar atentos al rutómetro, hasta que llegamos a una pequeña aldea llamada Quinta do Coracao, en la que no entramos. Avanzamos primero hacia arriba, descendemos luego al valle (casilla 32) y volvemos a subir hasta que encontramos el asfalto. Esta carretera no figura en casi ningún mapa, y se dirige a un centro de gestión de residuos, por lo que el tráfico de camiones es continuo. Un kilómetro después tomamos a la izquierda una ancha pista que va recorriendo la parte alta de las colinas. Mientras, vamos dejando a nuestra izquierda distintos cruces señalizados a pequeñas aldeas o “quintas”, el equivalente a los cortijos andaluces: Cabeca de Vaca, Melica Ludeu, Cavaca y Barranco. En la casilla 40 retomamos brevemente el asfalto en una pequeña aldea, desde allí continuamos otra vez por pista, dejando a nuestra izquierda los cruces hacia Serra do Arganduro y Arganduro. En la casilla 45 alcanzamos un cruce. A nuestra izquierda muere el asfalto, así que seguimos hacia la derecha y posteriormente en dirección a Cravais da Cima. Toda esta comarca está sembrada de casas aisladas y diminutas aldeas, algunas abandonadas pero otras aún habitadas, con una compleja red de pistas bien cuidadas y mantenidas que sirven para acceder a ellas.

En la casilla 50 salimos al asfalto, muy cerca de la población de Malhao, y a partir de aquí vamos a realizar un tramo de unos cinco kilómetros por la carretera. Primero subimos, luego bajamos hasta llegar a otra aldea, y donde concluye comienza una pista que continúa por el valle y cruza varias veces un arroyo antes de llegar de nuevo al asfalto, a la aldea de Zambujal. Desde allí seguimos por una bonita pista recorriendo un valle hasta Aguas Frías. A partir de este momento la pista se convierte prácticamente en una carretera de tierra con una considerable anchura, aunque en la casilla 62 hemos de tener cuidado, porque se estrecha bruscamente. Continuamos por pista en una zona habitada, con numerosas casas aisladas o formando pequeñas aldeas, y encontramos otra vez el asfalto en la casilla 79.

Poco después continuamos por un camino de tierra en dirección a Monte da Zorra y seguimos siempre por esta pista principal hasta que la dejamos en la casilla 85, para dirigirnos hacia Carrapateira, ascendiendo ahora para continuar por la parte alta de las colinas, con excelentes vistas de esta sorprendente comarca. En este tramo pasamos bajo el viaducto de la nueva autopista. La pista por la que circulamos tiene también una gran anchura, y en vista de los diversos trabajos que se estaban efectuando durante nuestros reconocimientos, es posible que en un futuro próximo se asfalte. Finalmente, en la casilla 91 salimos al asfalto, y poco después llegamos a un cruce junto a la carretera principal que se dirige de Albufeira y Sao Bartolomé de Messines, hacia el norte, en dirección a Grandola y Lisboa.

La Sierra de Monchique

No salimos a esta carretera, sino que la cruzamos por encima, y antes de entrar en el casco urbano de Sao Marcos da Serra, junto a la estación de tren, giramos a la izquierda (casilla 94). Poco después tomamos una pista señalizada en dirección a Porto da Figueira y Vale Ilos. Precisamente hasta la primera población nos vamos a dirigir, primero por un valle donde también encontramos muchas casas aisladas. Luego, avanzamos siempre por la pista principal, hasta que en la casilla 99 cruzamos el asfalto, siguiendo en dirección Foz do Carvalho. A partir de aquí la pista continúa por un profundo valle, rodeándolo hasta que aparecen las primeras y dispersas casas de la población de Foz de Carvalho, situada en un sorprendente valle rodeado de altas colinas, en un lugar donde llama la atención que aún viva gente de forma permanente, aunque también veremos muchas viviendas abandonadas, con la típica construcción de la comarca en la que todas las estancias dan a la calle. La pista poco a poco va mejorando, ya que parece haber sido recientemente repasada y cubierta de grava apisonada, hasta que en la casilla 105 comenzamos a ascender, y en la siguiente llegamos a un cruce en el alto, donde dejamos la pista principal hacia la izquierda, descendiendo ahora. Otra opción en esta casilla 106 es continuar por la pista principal (es decir, hacia la derecha), hasta salir al asfalto por el que nos podríamos dirigir a Monchique, también un buen lugar para finalizar este recorrido.

Volviendo al rutómetro, a partir de la casilla 106 descendemos por un frondoso bosque de pinos y eucaliptos, hasta que en la 109 llegamos al valle, justo frente a un antiguo pozo con noria, y continuamos ahora hacia la derecha. Pasada una casa abandonada dejamos la pista principal, para vadear el cauce del Odeluca y subir por la ladera del otro lado. En esta zona una corta de troncos ha hecho que se vean multitud de rodadas, pero el secreto para no perderse es continuar siempre hacia arriba, hasta llegar a una pista principal (casilla 113), donde giramos a la izquierda. Poco después salimos al asfalto por una pista que finalmente nos conducirá a Silves, punto y final de este recorrido y de esta pequeña serie de rutas por el siempre sorprendente Algarve portugués.

Por Francisco Díaz

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