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Miércoles, 20 de septiembre 2017
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Noreste brasileño: colores de Brasil. Playa infinita


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BF Brasil (579 Kb)
Recorrer la costa a bordo de un vehículo todoterreno suele estar, en la mayor parte de los casos, restringido e incluso prohibido. Este viaje nos ha permitido comprobar que existen unos pocos lugares del mundo donde es algo absolutamente cotidiano y muy gratificante. Texto y fotos: Ángel Montalbán.

La firma de neumáticos específicos para todo terreno BF Goodrich, lleva a cabo para su red comercial además de otro tipo de viajes-incentivo, un par de recorridos-aventura al año consistentes en montar una caravana de 4x4 y atravesar zonas en diversos lugares del planeta de interés paisajístico y cultural con la dificultad añadida de hacerlo por terrenos donde un transporte convencional no tendría posibilidades de avance. En esta ocasión el cono sur americano era el destino, y lo que es mejor, podíamos acompañarlos.

Un recorrido de varios centenares de kilómetros jugando con las olas y las mareas. Todo un placer sobre un 4x4.

Tras un pequeño breafing por parte de la organización, un total de veintiún vehículos convenientemente pertrechados, salieron del centro del casco urbano de Fortaleza para dirigirse a la zona sur de la ciudad, donde tras superar la última edificación, que era un imponente hotel, nos adentramos en la playa. Tras un breve reagrupamiento el convoy se puso en marcha y se adaptó rápidamente a rodar por la arena, más compacta cuanto más nos acercábamos a la orilla. En principio uno parecía estar metido en un sueño, ya que rodar así es algo utópico en estas latitudes, y nos sentíamos compungidos pensando que en cualquier momento cualquier tipo de autoridad del país nos detendría, inmovilizaría nuestro vehículo y nos extendería la inevitable sanción. El paso de los kilómetros nos relajó y, sobre todo, el hecho de no estar solos en el camino, ya que nos cruzamos, adelantamos y fuimos adelantados por otros todoterrenos. La profusión de indicaciones y carteles nos trasladó a la realidad de circular por donde habitualmente lo hace la gente del lugar, ya que es la vía común para los traslados de la población local. Casi sin darnos cuenta tropezamos con el primer obstáculo natural que atascó a uno de los primeros vehículos. Todos parados y solidarios con el que necesitaba ayuda. Una pequeña modificación a la hora de pasar por el punto y de nuevo arriba. La bajada de la marea amplió la "pista" y se comenzó a circular de hasta tres en fondo ayudados por lo moderado de nuestra velocidad, la posición del sol a nuestra espalda -lo que minimiza los reflejos- y la pericia de los conductores, que gracias a las rutas realizadas desde tres años atrás, se han convertido en expertos en la materia. Poco a poco el avance de los kilómetros era constante, y tan solo se veía ralentizado por algún que otro paso complicado y pequeños vadeos que iban surgiendo. Llegados a un punto el caudal de agua a superar se tornó imposible, pero aparecieron ante nuestra vista tres pequeñas barcazas que, no sin dificultad -ya que dependen de la fuerza humana que utiliza pértigas para su avance con los vehículos a bordo- consiguieron que todos atravesáramos las desembocaduras de ríos y los brazos de mar sin problemas. Muy ocasionalmente tuvimos que salir de la playa hacia el interior, bien por estrechamientos, por construcciones o por rocas, pero tras unos pocos centenares de metros volvíamos a circular por la arena. En la costa resulta habitual toparse con pescadores que arrastran sus redes tierra adentro y que te venden lo que quieras para que luego sea preparado en los numerosísimos "chiringuitos" dispersos a los largo del litoral. En estos mismos locales se pueden degustar platos de la cocina típica de la zona basada en la pesca, el arroz, el pollo y, cómo no, las variadas frutas tropicales de la zona.

El trabajo en equipo fue fundamental cuando se complicaban las cosas. Con la ayuda de todos nada pudo parar a la caravana.

Con el paso de las jornadas la caravana se mostraba más ágil y adaptada al terreno y el avance era rápido y continuo. Esto nos permitía aprovechar el tiempo para recorrer y franquear cordones de dunas de gran tamaño que jalonan diversos puntos de la costa y que son motivo de disfrute para todos los conductores que van rotando para superar los pasos más complicados. También pudimos participar en "atracciones" ideadas por los lugareños que aprovechando los desniveles del terreno han construido largos toboganes y tirolinas que utilizan ingeniosos sistemas a partir de viejos Volkswagen Escarabajo (todo un "best seller" en el país) para subir a quienes se atreven a saltar a la parte alta de la atracción. Las únicas dificultades se presentaron a la hora de cruzar un manglar en la que el guía abría pista para evitar "atascos", y algún que otro paso complicado que se superó con la colaboración de todos. Casi sin darnos cuenta alcanzamos el ferry que nos llevaba al centro de Natal donde nos recibió una furiosa tormenta tropical que nos hizo volver a la realidad de la civilización. Júbilo en el grupo, no obstante, por lo bueno de lo vivido y lo que es mejor, el deseo unánime de repetir por parte de todos.

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