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A caballo entre tierras de Andalucía y Castilla La Mancha, vamos a seguir los pasos del bandolero Juan Caballero, iniciando así esta nueva serie de itinerarios que nos llevarán a conocer las leyendas de los más famosos bandidos españoles.Siguiendo las andanzas del bandolero Juan Caballero iniciamos este recorrido en la población cordobesa de Montoro, localidad situada junto al valle del Guadalquivir que cuenta en su trazado con claras reminiscencias árabes. En el puente antiguo sobre el río comenzamos el rutómetro partiendo por asfalto en dirección a Villa del Río, y en el siguiente cruce, dirección Cardeña, para inmediatamente internarnos en una compleja red de pistas que dan acceso a numerosos cortijos dispersos por toda la comarca, algunos de ellos en ruinas. En la zona predomina el cultivo de la aceituna, y en consecuencia, el paisaje de olivos. A partir de la casilla 8 el camino se convierte en una auténtica trialera, con una bajada muy pronunciada que nos exige el uso de la reductora, por lo que este primer tramo de pista no es apto para realizar con “todocaminos”, que podrán recuperar la ruta a partir de la localidad de Cardeña. Siguiendo con el recorrido propuesto, tras la trialera salimos a una pista en buen estado, por la que continuamos hasta un vadeo. Desde allí avanzamos en dirección norte, salvando colinas salpicadas de casas aisladas y de nuevo entre olivos, aunque también hay algún pequeño prado. En la casilla 12 dejamos la pista principal (que poco después sale al asfalto) para afrontar una fuerte subida. Cruzamos por ella hasta otra pista en buen estado que recorre una colina con vistas sobre el pequeño embalse de Martín Gonzalo. En esta zona también hay numerosas casas. Finalmente salimos al asfalto, en concreto a la carretera de servicio del propio embalse, por la que seguimos hasta desembocar en la carretera general N-420. A partir de este punto vamos a tener que continuar obligatoriamente por carretera, ya que entramos en pleno Parque Natural de las Sierras de Cardeña y Montoro, una zona de especial protección debido a que es -junto a Doñana- el único hábitat donde aún se conserva una pequeña colonia de linces ibéricos, la especie de felino más amenazada de extinción en el mundo, y las pistas que recorrer el parque están prohibidas al paso de vehículos. De esta forma, tras poco más de quince kilómetros, llegamos a la población de Cardeña, donde hemos incluido en el rutómetro la visita a la población de Aldea del Cerezo, abandonada en los años 70 y ahora convertida en una serie de alojamientos rurales. Este último asentamiento está comunicado por pista con Cardeña, y aunque sea obligatorio regresar por el mismo camino, la visita merece la pena, ya que nos permite conocer un poco más el Parque Natural. Ya de vuelta, en Cardeña vamos a tomar un nuevo tramo de enlace por carretera hasta adentrarnos en una pista por la que continuaremos ya hasta Fuencaliente. En principio se trata de un buen camino que da acceso a diversas fincas situadas en un paraje muy bello de dehesas de encinas donde pastan numerosos animales. A partir de la casilla 28, en la que cruzamos la carretera que une las poblaciones de Azuel y conquista, la pista se hace más estrecha, y en parte complicada de seguir, ya que va serpenteando entre prados y bosques de encinas y algún robledal. Cruzamos la invisible línea que separa las comunidades andaluza y castellano-manchega, pasando de la provincia de Córdoba a la de Ciudad Real, y encontrando en nuestro camino algunos cortijos en ruinas, y otros donde aún se guarda ganado, vacas, ovejas, cabras e incluso cerdos ibéricos. El último tramo de la pista discurre a través de un frondoso bosque, y muy pronto podemos observar desde la altura la forma semicircular de la población de Fuencaliente, donde llegamos para atravesar todo el pueblo en bajada por sus estrechas y empinadas calles. A la salida de Fuencaliente, y de nuevo en la N-420, subimos el puerto de Valderepisa, girando justo en el alto a la derecha para tomar un largo tramo de pista que nos conduce primero a la pequeña aldea de Ventillas, y luego, continuando siempre en dirección este, a través de las últimas estribaciones del Valle de Alcudia, y paralelos a la llamada Sierra Madrona. El paisaje en esta zona también es espectacular: robledales, pinares y zonas de pastos se alternan, pasando luego por una gran vivienda de una finca que responde al sonoro nombre de “Nueveveces”. La pista continúa hasta que aparece el asfalto muy cerca ya de la localidad de Solana del Pino, en la que no llegamos a entrar, dejándola a nuestra derecha (casilla 46). Un nuevo tramo de asfalto nos acerca, ahora en dirección norte, hacia Puertollano. Pero antes vamos a tomar un último tramo de pista que se interna en una zona de dehesas, descendiendo luego el antiguo camino, pedregoso y roto en algunos tramos, pero que no plantea grandes problemas, hasta el embalse de Montoso. Lo atravesamos sobre el propio dique, y poco después descendemos de nuevo junto a la presa de otro embalse, en este caso el de Tablillas. Tras pasar sobre un puente arranca una pista asfaltada que finalmente nos lleva hasta la localidad de Hinojosa de Calatrava. Apenas 10 kilómetros nos separan de Puertollano, donde pondremos punto y final a esta ruta. Por Francisco Díaz |