Han pasado dos décadas desde que el primitivo Montero/Pajero inició su andadura comercial. Aunque hoy en día pueda parecer sorprendente, en aquella época supuso también una pequeña revolución en el segmento, y en algunos aspectos puede considerarse un pionero que abriría un camino que poco a poco irían siguiendo otros fabricantes para sus 4x4.
Francisco DíazEspecialmente revolucionario en este Montero/Pajero fue su renuncia a los dos ejes rígidos para implantar en el tren delantero un suave sistema independiente, en una época en la que la mayoría de 4x4 seguían recurriendo a las ballestas, sistema que se mantenía prácticamente inalterado desde los años 40, salvo honrosas excepciones como, por ejemplo, el Range Rover, aparecido a principios de los 70. En esta ocasión hemos tenido la oportunidad de probar una de las primeras unidades importadas a nuestro país en la época en que los fabricantes japoneses iniciaban una tímida introducción en España. Dichas unidades estaban sujetas a férreos cupos de importación que hacían de algunos modelos, como este Montero, un objeto de deseo, a pesar de su precio relativamente elevado y de las largas listas de espera. Para los parámetros de hoy en día, puede decirse que el primitivo Montero era un 4x4 de tamaño pequeño -el Montero corto actual es 30 cm más largo y casi 20 más ancho- con un habitáculo apto para cuatro adultos, aunque el acceso a las plazas traseras obligaba a contorsiones, mientras que el maletero apenas puede recibir este nombre. En el interior encontramos un buen acabado, que ha aguantado honrosamente el paso de los años, aunque el diseño, típico japonés de la época, ha quedado bastante anticuado. Sorprende, de todas formas, la completa instrumentación, con la pequeña cúpula central que posteriormente se convirtió en una seña de identidad entre los TT de esta firma, y que en este caso albergaba un inclinómetro, voltímetro y manómetro de presión de aceite. Técnicamente encontramos el motor tetracilíndrico de 2,5 litros de cilindrada, que en esta época otorgaba una potencia máxima de 84 CV, y era capaz de mover el vehículo hasta una velocidad máxima de 135 km/h y acelerar de 0 a 100 km/h en poco más de 20 segundos. Son, como vemos, unas cifras modestas para los parámetros actuales, pero muy correctas para su época. En marcha, la suave suspensión delantera independiente que permite un guiado preciso y evita las continuas correcciones de volante tan habituales en otros TT de la época equipados con eje rígido, contrasta con las bruscas reacciones de la parte trasera, donde las ballestas no perdonan. La corta batalla tampoco ayuda a minimizar el desarreglo entre ejes. Como decimos, las prestaciones son bastante modestas. Pero en cambio, fuera del asfalto no son tan determinantes, y aunque en pistas rápidas sufre el mismo hándicap, cuando las cosas se complican una reductora con desarrollos muy cortos permite afrontar todo tipo de obstáculos, rampas y pendientes con perspectivas de éxito. A la hora de comprar como vehículo usado un Montero de esta primera generación, debemos distinguir entre los modelos nacionales -es decir, matriculados nuevos en nuestro país- y la multitud de unidades traídas de otros países europeos y que, en demasiados casos, han llegado a España muy cerca del final de su vida útil con resultados desastrosos, algo que ha incidido negativamente en la fama de un modelo que, en otros casos, ha envejecido honrosamente.  | | | FICHA TÉCNICA | |  | | MITSUBISHI MONTERO CORTO (1987) | Motor: Turbodiesel cuatro cilindros en línea. Cilindrada: 2.477 c.c. Potencia máx.: 84 CV a 4.200 rpm. Par máximo: 20,5 Kgm a 2.000 rpm. Tracción: Trasera habitualmente con la delantera conectable. Cambio: Manual de cinco velocidades. Reductora. Bastidor: Chasis de largueros y travesaños con carrocería atornillada. Suspensión del./tras.: Independiente / eje rígido con ballestas. Frenos del./tras.: Discos ventilados / tambores. Largo x ancho x alto: 3.995 x 1.680 x 1.840 mm. Distancia entre ejes: 2.420 mm. Neumáticos: 215/70 R15. Ángulos: Ataque: 41º, salida 36º. |  | |