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LOJA - NERJA. FRANCISCO FLORES AROCHA. EL ÚLTIMO BANDOLERO
 
FRANCISCO FLORES AROCHA
(De los Infiernos a las Cavernas)

No hay ninguna enfermedad
más horrible que la envidia;
el que padezca este mal,
no quiere ni a su familia.
¡Que Dios le tenga caridad!
 


Es así.
Casi seguro que la envidia haya sido uno de los motivos -si no el que más- que haya producido mayor número de comportamientos perversos a lo largo de la Historia de los humanos.
Y, desde luego, ése fue el estigma que marcó la mala estrella de Francisco Flores Arocha.
Nació en 1897 junto a un bello nacimiento: la Cueva del Río Genal, en Igualeja, un precioso pueblecito a una decena de kilómetros de Ronda.
Desde muy niño, Flores Arocha terció hacia lo siniestro. Estafaba y robaba sus paisanos, lo que le acarreó el desprecio de las gentes de su pueblo, incluida su propia familia, que lo condenó a una suerte de ostracismo perpetuo.
La línea de la vida de la mano de Francisco parece que discurre por una trocha que lo llevó o lo trajo "desde los Infiernos a las Cavernas".
Nuestra ruta comienza en Loja, una villa magnífica de visitar. Allí empezó el viaje de los Infiernos a las Cavernas.
Uno de los parajes más singulares de sus alrededores se corresponde -geográficamente hablando- con el principio de ese viaje: se trata de "los Infiernos de Loja", una tremenda grieta tajada por el agua en una planicie cercana.
Sus paredes son maravillosamente irregulares y abruptas, profusamente cubiertas de vegetación en algunos testeros. Su enigmática estructura sugirió ese nombre; metáfora de una especie de entrada a los Infiernos.
Flores Arocha contó, sin embargo, con la colaboración estrecha e incondicional de su sobrino Pedro Flores "El Correrías" (correrías que fueron de mal en peor).
El principio del fin ocurre cuando su suegro se niega a venderle una finca que él anhelaba fervientemente. En cambio, sí accede a vendérsela a Salvador Flores, primo del bandolero. Éste se le presentó un día, armado de una escopeta, para convencerlo, a buenas o a malas, que le revendiera la finca. Entre dimes y diretes, cuentan que, por casualidad, aunque yo no me lo creo, se le dispara la escopeta y mata a una de las hijas de Salvador, su sobrina segunda.
A partir de ahí, Flores Arocha es un forajido que vaga errante, con la Guardia Civil persiguiéndole los vientos sin descanso. Proscrito, de venta en cortijo, se llevó tres años. Precisamente, una de las ventas que más frecuentó fue la de Zafarraya.
Es muy posible que fuera así, porque el llamado Boquete de Zafarraya constituye uno de los pasos francos más viables para atravesar rápidamente la casi infranqueable barrera que dibuja aquella intrincada cadena de serranías. Desde luego, resulta impresionante avistar el valle que enfilamos cuando atravesamos el Boquete hacia el mar del Sur.
Lo más terrible de la caída de Francisco vino a ocurrir en el año 1932. Ciego de envidia vuelve a la finca de su primo Salvador y, esta vez, lleno de concienzuda saña, asesina a los miembros de la familia, excepto a una niña de seis meses, que la madre pudo ocultar a su cólera: ella vive aún.
Después de eso, todavía reincidió en la crueldad más brutal, cuando abrió la zahurda y soltó a los cerdos dentro de la casa para que destrozaran y devoraran los cadáveres.
Vuelve luego a la sierra y deambula por los Montes de Málaga, que conoce como la palma de su mano, acompañado siempre por "El Correrías". A partir de ahí, la Guardia Civil intensifica sus medios de búsqueda; pero Flores Arocha escapa del cerco una y otra vez.
En 1934, terminó siendo localizado en "Arroyo Jondo", un intrincado paraje, cerca de Benahavis. Plantó cara y ofreció dura resistencia durante dos días; mientras, logró matar a varios guardias, pero fue, por fin, abatido a tiros.
El pueblo descansó. Y él, definitivamente, descendió a las cavernas de donde nunca debió salir.
Por eso, sería apropiado que nuestra ruta acabara en Nerja, descendiendo a su grande y famosa Cueva. Podremos disfrutar en ella, con la ayuda de la técnica actual, del bellísimo espectáculo que nos ofrece ese fantasmal "bostezo de la Tierra".
Y, respecto a Flores Arocha,… ¡que no descanse en paz, por favor!.
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