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Everglades. El reino del caimán


El extremo sur de la península de La Florida está formado por una zona pantanosa y apenas accesible. Es el reino del caimán, que campa a sus anchas por estos extensos manglares apenas habitados. Pilotados por expertos guías de la zona, sólo los estruendosos "airboats" permiten internarse en el laberinto de agua para conocer esta tierra tan sorprendentemente bella como siniestra.

No se puede describir un viaje al sur de la Florida sin recordar el papel que jugaron los arriesgados conquistadores españoles en su historia. La crónica sobre esta península situada al sudeste de lo que hoy en día son los Estados Unidos está marcada por algunos nombres de españoles que se hicieron famosos por las hazañas de sus viajes y descubrimientos durante los primeros años del siglo XVI.
Los historiadores no coinciden totalmente sobre cuál es el explorador al que se le debe acreditar haber visto por primera vez las costas de La Florida, aunque sí están de acuerdo en que fueron los españoles los primeros europeos en asentar sus dominios sobre estas tierras. En general el descubrimiento de La Florida se atribuye a Juan Ponce de León, antiguo paje del rey D. Fernando el Católico y, por aquel entonces, Gobernador de la isla de Puerto Rico. Tras abandonar La Española -isla hoy en día dividida entre dos países: Santo Domingo y Haití- debido a sus enfrentamientos con los hermanos Colón, el rey, como compensación, le autorizó a conquistar nuevos territorios. Ponce de León aprovechó esta circunstancia para lanzarse a la búsqueda de uno de los grandes mitos de la época, la isla de "Bitiminí", donde según la leyenda existía un manantial cuyas aguas tenían la propiedad de rejuvenecer a quien las bebiera, la fuente de la "eterna juventud".

Tres carabelas, Santa María de la Consolación, Santiago y San Cristobal, integraban la expedición que partió de Puerto Rico y el día 2 de Abril de 1.512 y llegó a un tierra "llana y pareja" a decir de las crónicas de la época. Tomaron posesión de ellas al día siguiente, pocas fechas después de la Pascua Florida, de ahí su nombre. El lugar donde desembarcaron los españoles, fue muy cerca de lo que más tarde sería la población de San Agustín, al noreste de la península, donde años más tarde los españoles construirían un fuerte que es la población habitada más antigua de los Estados Unidos.
Pero Ponce de León no vivió estos acontecimientos. Circunvaló casi toda la península, viajando hacia el sur, bordeando los cayos, y subiendo por el golfo de México paralelo a la costa oeste. En una segunda expedición los españoles sufrieron las hostilidades de los indígenas, tribus irreductibles perfectamente adaptadas a un terreno especialmente complejo para el avance de cualquier expedición armada. Víctima de estos ataques Ponce de León fue herido y murió en Cuba en 1.521. Pero otros conquistadores continuarían su labor, como Pánfilo de Narváez y Hernando de Soto, luchando contra las inclemencias del tiempo, la hostilidad de los indígenas y una naturaleza amenazadora.
De aquella tierra salvaje que encontraron los españoles, hoy queda una extensión relativamente reducida en el extremo sur de la península, los llamados Everglades, salvados in extremis de ser desecados y convertidos hoy en día en Parque Natural.

Camino de Everglades

Nosotros iniciamos nuestra visita a esta sorprendente región desde Fort Myers, población situada al suroeste de la península de la Florida, junto a las tranquilas costas del Golfo de México. Es una zona turística, de largas playas de origen coralífero, arena muy fina y completamente blanca. Las excelentes temperaturas que durante todo el año se mantienen en esta región prácticamente caribeña han convertido a toda la península, y especialmente a esta zona, en un privilegiado refugio para jubilados, al igual que sucede en algunas zonas costeras de nuestro país.
A través de la carretera estatal 41 avanzamos primero hacia el sur, y luego hacia el este, hasta que paulatinamente van desapareciendo las construcciones y comienzan los pantanos. Numerosos ejemplares de distintas especies de aves, los seres vivos más abundantes en estos manglares, sobrevuelan la ruta. Pero la primera sorpresa que se puede llevar el viajero es ver como un descomunal caimán de tres o cuatro metros de longitud atraviesa la carretera delante de su 4x4.
En el cruce entre la 41 y la carretera que conduce a Everglades City hay una gasolinera que cuenta además con un "Subway" atendido por dos ancianitas, una de las pocas opciones para comer que encontraremos en esta zona, y única instalación de este tipo en muchas millas a la redonda. En la gasolinera se dan cita los viajeros que pululan por los pantanos. Cazadores que arrastran su "airboat" a bordo de Hummer o Jeep, y otros remolques con unos curiosos 4x4 de factura casera equipados con grandes ruedas, especie de tractores, que son los únicos vehículos de ruedas que permiten internarse en las zonas menos profundas de los pantanos.

Los "airboats". Pero el auténtico todo terreno de esta comarca es el "airboat". Se trata de una barca de quilla totalmente plana propulsada por un motor de gasolina al que se acopla una hélice, mientras que unos timones dirigidos por medio de dos palancas proporcionan maniobrabilidad al vehículo, bastante escasa por cierto. Sin duda muchos lectores recordarán la serie "Corrupción en Miami", en la que aparecían habitualmente estos vehículos.
Dispuestos a recorrer los pantanos alquilamos los servicios de un experto guía y a bordo del "airboat" nos internamos en los manglares. Es una lugar muy bello, pero a la vez tiene algo de siniestro. Situado en una posición elevada en la parte trasera del aparato, el conductor se adentra a través de una maraña de canales. El vehículo avanza, a veces, prácticamente sobre la tierra o por encima de una especie de altos hierbajos que crecen por todas partes. Los giros provocan que el "airboat" se desplace lateralmente, como si derrapara sobre el agua, salpicando a los pasajeros. Funcionando a escape libre el ruido del potente V8 se vuelve ensordecedor, hasta que llegamos a una poza más profunda donde una vez parado el motor el ambiente se llena de los inquietantes sonidos del pantano.
Con un señuelo parecido a esas esponjas dulces que compran los niños en los quioscos el guía atrae a un pequeño caimán. Más adelante la parada se repite en otras tres pozas: en la primera aparece un caimán de tamaño medio sin cola, perdida en una pelea con un congénere.

En la segunda vemos a un caimán hembra y sus tres pequeñas crías que las siguen a todas partes. Pero es en la tercera donde aparece un ejemplar realmente temible. Mide casi cuatro metros de largo y cuando abre la boca parece que podría tragarnos a cualquiera de un solo bocado. El guía nos indica que nos mantengamos tranquilos, sin hacer movimientos bruscos, ya que podría saltar sobre la barca, o incluso volcarla. Con las fauces del monstruo a pocos centímetros de la baja borda, uno sigue experimentando el mismo temor que los primeros conquistadores españoles sufrieron al enfrentarse a aquellos "gigantescos lagartos".
El recorrido continúa a la búsqueda de los simpáticos mapaches que viven en las zonas arboladas, mientras observamos grandes tortugas, flamencos, patos y toda una variedad de aves que con sus graznidos llenan el ambiente siempre que el V8 se para.
Tras varias horas regresamos al embarcadero y de nuevo en nuestro 4x4 continuamos por la carretera en busca de una pista que hemos visto en el mapa. Separados de la vía tan sólo por un canal de unos pocos metros de ancho, grandes caimanes toman el sol en las orillas del canal. Afortunadamente la pista está en buen estado, y es que en este terreno quedarse atascado o sufrir una avería puede ser realmente preocupante, ya que no es nada recomendable bajarse del vehículo. Algunas casas aisladas en el pantano son las únicas construcciones que encontramos. Las viviendas están rodeadas por una sólida alambrada, algo poco habitual en Estados Unidos, pero obligatorio en esta zona para evitar las continuas incursiones de los caimanes, que todos los años provocan numerosos incidentes. Algunas pistas se internan en el pantano hacia los lados de la principal, pero tienen un aspecto bastante siniestro. Ya de regreso y prácticamente saliendo de la zona inundada tenemos la fortuna de avistar una pantera, cuya especie está en grave peligro de extinción.
Completamente recta, una autopista de peaje construida hace algunos años y llamada Alligator Alloy -algo así como el "callejón de los caimanes"- atraviesa por completo los Everglades desde Fort Myers hasta Miami. Desde esta última ciudad hay otra posibilidad para visitar los Everglades bajando por una carretera hasta la población de Flamingo, que fue en los años setenta la punta de lanza para la urbanización de la zona, pero que años después fue destruida por completo por uno de los furiosos huracanes que habitualmente azotan la península.

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