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Etapa 52. Chile. Chiloé, una isla entre la bruma de los confines del mundo


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Vuelta al mundo (724 Kb)
Dejamos el continente para disfrutar de una gran bocanada de aire fresco en la brumosa y mística Isla Grande de Chiloé… Textos: Megan Unmee Son Fotos: Laurent Granier y Philippe Lansac

Desde Puerto Montt regresamos a Pargua, punto de partida del transbordador que co-munica el continente con el archipiélago de Chiloé. En el barco nuestro coche parece minúsculo al lado de los enormes y pesados vehículos de carga que le acompañan… Navegando por el centro del canal de Chacao vemos la orilla mordisqueada y austera bajo un cielo de tinta negra que resulta, cuando menos, amenazador.
Llegamos a Chacao y nos zambullimos instantáneamente en el universo de la isla: el pueblo se ve diminuto bajo una llovizna digna de la costa bretona. Destaca la soberbia iglesia de madera recubierta en aluminio, y las pequeñas casas coloreadas… En seguida percibimos que el clima debe ser bastante duro y que los habitantes han desarrollado agradables interiores para pasar el largo invierno a salvo del viento y demás inclemencias meteorológicas.

Asomándose a las ventanas vemos auténticos baratillos repletos de muñecas viejas y otros objetos antiguos… ¡No es difícil imaginarse sentado al lado de la ventana, protegido por el cristal y leyendo un buen libro, mientras fuera los elementos se desatan.

Entramos en una tienda de ultramarinos y un hombre de unos cincuenta años muy bien llevados, con barba de viejo pescador y la tez salpicada por los picotazos de la sal, nos sirve un buen café muy caliente. Es Eduardo, que poco después se dispone a contarnos la leyenda de la fundación de la isla.

"En principio Chiloé no era una isla, ya que su territorio estaba unido al continente. Un día apareció Cai-Cai Vilú, el espíritu de las aguas, y ordenó que el nivel de las aguas subiera: así que los valles y las tierras bajas se fueron inundando progresivamente y los hombres y las bestias murieron ahogados. Entonces apareció Ten-Ten Vilú, el espíritu protector de la tierra, y comenzó una gigantesca batalla. La lucha entre ambos espíritus fue larga y violenta. Cuando uno elevaba el nivel de las aguas, el otro respondía elevando las tierras. Los dos trataban de proteger a los seres vivos propios de sus dominios, y ninguno de ellos daba sensación de poder derrotar al otro, de modo que la confrontación parecía infinita …
Por fin, después de un largo año de lucha, Ten-Ten Vilú acabó por vencer a su enemigo, pero el campo de batalla jamás volvió a su estado original, y así es como se formaron las múltiples islas que constituyen hoy el archipiélago de Chiloé".

De isla en isla

Tomamos una pequeña pista de tierra que se dirige hacia el oeste y nos lleva a lo largo de la costa hasta Ancud. La ciudad fue fundada en 1767 por los españoles para defender la costa chilena de posibles intrusiones, y su riqueza permitió la construcción de moradas muy bellas y bonitos edificios que, desgraciadamente, fueron totalmente destruidos por un terremoto en 1960. Hoy en día es una ciudad pequeña, adormecida al borde del agua. Decidimos pasar la noche en las alturas de la ciudad, sobre un pequeño promontorio rocoso que domina el canal de Chacao…

Atravesamos la isla de Oeste a Este y pasamos de Quemchi a Dalcahue, donde tomamos el transbordador hacia la isla de Quinchao, un patchwork coloreado de campos verdes sobre el mar salpicado de pequeños pueblos tranquilos. El primero de ellos es Curaco de Velez, fundado por una misión jesuita en 1660. Curaco es un pequeño tesoro de auténtica arquitectura chilote en el que se pueden ver ocho de los molinos de agua tradicionales de soberbia factura.

Más lejos, Achao es conocido por su Iglesia de Santa Maria de Loreto de Achao, coronada por una torre de 25 metros de altura, construcción en la que no se ha empleado ¡ni un sólo clavo!

Los últimos kilómetros de la Panamericana

Seguimos bajando la Panamericana hacia Castro, la capital de la isla. A la entrada de la ciudad observamos numerosas casas multicolores elevadas sobre pilares, palafitos alineados al borde del agua que marcan la tónica en un paisaje singular.

Decidimos escalar las colinas que dominan la ciudad al otro lado del brazo de mar y conocemos a Javier, al que le asombra nuestra ignorancia respecto al famoso "Trauco…"
"¡Trauco es, sin duda alguna, el personaje más legendario de la isla! Es un pequeño ser deforme y hediondo, vestido de paja y con la cabeza rematada por un sombrero cónico. Sus pies, que carecen de talones, semejan muñones. Vive en los bosques que llena de sus sonidos guturales… Está dotado de una fuerza hercúlea que le permite derribar un árbol con tres golpes de su pequeña hacha y puede matar a un hombre con una mirada… ¡Seduce a las mujeres con su "irresistible repugnancia" y aquí decimos a menudo que si no conocemos al padre del niño, Trauco debe ser el responsable!
Es posible, sin embargo, combatir a Trauco insultándole a gritos y lanzando brasas en el fuego. Si alguien logra cogerle, debe colgarle sobre el hogar, entonces se transformará en un palo retorcido con el cual se podrá curar a las víctimas de sus maleficios…"

Javier nos explica que el aislamiento y la aspereza del lugar son los que, con el curso del tiempo, han provocado la aparición de todas estas leyendas. Particularmente en los campos continúan contándoles a los niños las fabulosas historias de estas criaturas míticas…

Desde Castro continuamos bajando la Panamericana hasta su extremo meridional: Quellon.
Partimos de Prudhoe Bay, en el norte de Alaska, de las mismísimas orillas del océano ártico, ya hace más de 3 años, y este lugar simboliza para nosotros el fin de este inmenso viaje a través del continente americano. Al cabo, hay una placa que recuerda que este camino une las tres Américas y atraviesa 11 países a lo largo de más de 20.000 kilómetros… Nosotros, por nuestra parte, hemos recorrido más de 140.000 km y atravesado 16 países entre Alaska y la isla de Chiloé.

Pero aún nos espera otro trozo de América, en Tierra del Fuego. Una nueva historia que os contaremos próximamente…

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