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Desde su nacimiento en la vertiente soriana de los Picos de Urbión hasta su desembocadura en el Atlántico en la ciudad portuguesa de Oporto, el río Duero tiene un recorrido de 900 kilómetros de longitud, de los que la gran mayoría -572- transcurren por nuestro país, en concreto por las provincias castellano-leonesas de Soria, Burgos, Valladolid y Zamora, mientras que 112 sirven de frontera entre Portugal y España, y los últimos 213 kilómetros discurren por completo en tierras portuguesas.
Por Francisco DíazA través de este recorrido vamos a seguir el cauce del Duero desde su nacimiento hasta su desembocadura, itinerario que hemos dividido en tres etapas, que a su vez se subdividen en otras tres. Esta primera etapa nos conducirá desde Soria hasta la vallisoletana localidad de Tordesillas, comenzando en la comarca de Pinares soriana, para llegar luego a Soria capital con sus hondas reminiscencias machadianas. Lueo el río realiza una extraña curva que varía su inicial dirección sureste para girar hacia el oeste, dirección que ya no abandonará hasta su desembocadura. Tras Soria capital el río atraviesa una comarca marcada por las numerosas fortalezas que durante siglos defendieron la comarca de las incursiones sarracenas, época en la que el propio Duero se convirtió en la frontera entre dos Españas, dos culturas y dos religiones distintas, y que el Cid cabalgó con sus huestes, siendo palpable hoy en día las reminiscencias del Cantar, cuyo autor podría haber nacido en San Esteban de Gormaz, en distintas localidades del recorrido. Luego, construcciones religiosas como el Monasterio de la Vid, y la bella y poco conocida localidad de Peñaranda de Duero, nos integrarán ya en plena zona vinícola. Y es que a partir de este punto el cauce del Duero está marcado por la producción de vino, hasta el punto que la Ribera del Duero se ha convertido en una de las más cotizadas denominaciones de origen de este producto gracias a la alta calidad de unos caldos de reconocida fama internacional, y que se producen en una pequeña comarca que veremos a lo largo de este recorrido. Aún atravesaremos algunos típicos pinares castellanos, de firmes arenosos y divertidos para conducir, hasta llegar a la localidad de Tordesillas, otra encrucijada de caminos levantada a orillas del Duero, población donde pondremos punto y final a este largo recorrido de más de cuatrocientos kilómetros que se dividen casi a partes iguales entre tramos de pista y de asfalto. ENTORNO NATURAL La primera parte de nuestro recorrido transcurre por uno de los pinares mejor conservados de la península. Pero además de los bosques de pinos, y dependiendo de las distintas alturas, se suceden también hayedos y robledales hasta formar una rica variedad cromática que cambia según avanzan las estaciones. Bajo los árboles encontramos espliego, retama, sabina o carrizo, en un hábitat en el que encuentran su terreno favorito grandes mamíferos como jabalís, corzos y ciervos, que comparten espacios con zorros, tejones y garduñas, en unas tierras que sobrevuelan buitres leonados, águilas y otras rapaces. Mientras, las distintas lagunas y remansos de los ríos sirven de parada a numerosas especies migratorias. A medida que avanzamos por nuestro recorrido el paisaje va cambiando, y observamos cómo los cultivos de secano y regadío se suceden a lo largo del río, y la vegetación de ribera, formada por chopos, sauces y álamos, domina el entorno más cercano al curso de agua. Las comarcas blanquecinas de las cercanías del Duero en la comarca de la Ribera alojan pequeños mamíferos como conejos y liebres, además de una rica avifauna. Por último, en los pinares castellanos de llanura, que encontraremos hacia el final del recorrido, también habita una variada fauna en la que zorros, tejones, jabalíes e incluso algún ciervo encuentran un hábitat apropiado para su desarrollo. |