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Domingo, 20 de agosto 2017
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ETAPA 49. ARGENTINA / CHILE. DEL DESIERTO A LOS LAGOS


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En Mendoza casi olvidamos estar en el desierto debido a la franja verde que los numerosos viñedos de la región trazan frente al poderoso Aconcagua. En dirección hacia Chile continuamos rodeados por las uvas hasta encarar la región de los Lagos, momento en que el paisaje se vuelve más suntuoso a cada paso… Textos: Megan Unmee Son. Fotos: Laurent Granier y Philippe Lansac

Saciar la Sed

esde que comenzamos nuestro periplo argentino no hemos dejado de ver constantemente botellas de plástico llenas de agua. A veces están atadas a los árboles o arbustos, otras forman un pequeño montículo al lado del camino. Cuando nos acercamos a la provincia de San Juan entendemos el porqué: "La Difunta Correa". Según cuenta la leyenda, Deolinda Correa era una mujer cuyo marido había sido reclutado durante la guerra civil argentina, cerca de 1840. Al enterarse de que estaba enfermo y abandonado, ni corta ni perezosa Deolinda cargó con su bebé y salió a buscarlo, siguiendo, para ello, las huellas del batallón a través del desierto de la provincia de San Juan. Pero las provisiones y, sobre todo, las fuerzas, se fueron agotando, hasta que ya incapaz de continuar, murió. Cuando varios días después unos hombres encontraron el cuerpo, su sorpresa fue mayúscula al descubrir que el bebé había sobrevivido alimentándose del pecho de su madre. La noticia del milagro no tardó en extenderse, y numerosos vecinos comenzaron a visitar su tumba. En el lugar donde estaba situada en principio sólo había una cruz; ahora, sin embargo, está ocupado por un pequeño pueblo con varias capillas donde muchos devotos hacen sus ofrendas convencidos de que la difunta hace milagros. Por eso, además, todavía hoy en día los conductores de camiones siguen colocando altares a lo largo de la ruta, al tiempo que dejan botellas de agua para saciar la sed "eterna" de Deolinda…
No somos santos, y podemos saciar nuestra sed recurriendo a un producto que empieza a rodearnos: el vino. En esta zona se genera el 70% de la producción nacional en un país que, además, es el mayor productor de vino de Sudamérica, y quinto en el mundo, Mendoza resulta el lugar idóneo para embarcarse en un auténtico tour por las bodegas vecinas. Pero vamos a remontarnos un poco en el tiempo: todo comenzó cuando Juan Cedrón realizó las primeras plantaciones de uva en Santiago del Estero en 1557. Dichas plantaciones se desa-rrollaron fuertemente con las oleadas de inmigrantes que llegaron de Europa en el siglo XIX, ya que muchos traían sus propios vinos y el conocimiento sobre el cultivo de los viñedos. Como la demanda existía, finalmente se establecieron leyes para alentar su producción y su protección. En torno a 1990 la industria del vino cambió. Otra ola de inmigrantes procedentes de países productores de vino trajeron la experiencia y el deseo de mejorar las exportaciones, y consiguieron mejorar la calidad
hasta hacer que estos vinos fueran conocidos a nivel mundial y representasen un atractivo turístico.
Con la prudencia necesaria para no ponernos en peligro, nos limitamos a visitar una o dos bodegas por día y realizar una pequeña cata al final de cada visita. Las bodegas varían de "familiares" a "boutique", y en todas las que vemos nos organizan un pequeño tour para explicarnos la historia del lugar y el proceso de preparación de los vinos. Es otra modalidad de turismo, “el del vino" ¡De lo mejor! Una vez cargamos el coche con los caldos más característicos de Mendoza, el Malbec, dejamos el sol intenso de la llanura y encaramos la precordillera sabiendo que llevamos algo que nos mantendrá calentitos en la montaña. Seguimos el río Mendoza, en la frontera con Chile, en un ascenso abrupto. Con un poco de tiempo antes de que expire nuestro visado, descansamos en Uspallata, cuya belleza natural pudo apreciarse en la película "7 años en el Tibet", mientras llega uno de los puntos fuertes de la etapa: el Aconcagua, la montaña más alta de América con 6.962 metros. Alcanzamos el Puente del Inca y nos cuentan que no estamos lejos, sólo faltan unos kilómetros. Sorteando los caminos llegamos, y el gran centinela de roca nos quita el aliento.

Vuelta a la Gran Ciudad

Las ciudades casi siempre nos sorprenden: el tráfico, la contaminación, la falta de estacionamiento…y la lista sigue. Mendoza nos ha parecido un poco agitado, así que nos preguntamos qué pasará con Santiago con más de 6 millones de habitantes. La entrada, sin embargo, es tranquila. Salvando la confusión sobre el tema de comprar o no los tickets de las autopistas, entramos en la ciudad sin problemas. También ayuda que es domingo y estamos en pleno verano, de modo que la ciudad está medio vacía. Pasamos unos días reabasteciéndonos y visitando el asentamiento más moderno que hemos visto en los últimos tiempos... El aparcamiento es una tortura, lo más cercano que encontramos está a 10 manzanas del lugar en que paramos, y el ruido es una constante. Una vez listos para reiniciar la ruta, nos disponemos a conducir 800 km hacia el sur.

Lagos y Volcanes

Desde Temuco, nos metemos en el Parque Nacional Conguillo, donde se yergue uno de los volcanes más activos y más grandes de Chile, el Llaima, cuyo cono perfecto se eleva prácticamente desconectado de la cadena de los Andes. Avanzamos entre lagunas turquesas y campos de lava para llegar finalmente a un espectacular bosque de Araucarias AKA "puzzle de mono", árboles endémicos en el país, y ahora especie protegida. Mientras conducimos a la sombra de las copas de los árboles, descubrimos que el proceso requiere su tiempo: es necesario que pasen unos 500 años para que el árbol llegue a su tope, y algunas de las araucarias del parque tienen más de 1.000 años…
Los magníficos bosques de araucarias todavía nos acompañan cuando llegamos a Villarrica, así llamado por el lago donde se estableció el pueblo y la cima del volcán, luego a Pucon, más allá de la orilla del lago. Conocida como "la capital del sur de Chile", Pucón provee aventura y diversión a gente de todas las edades. Originalmente establecida como un puesto fronterizo, inmigrantes europeos comenzaron a llegar a finales del siglo XIX. En 1930, con la construcción del Gran Hotel Pucón, el turismo comenzó a tomarse en serio. Hoy en día se puede cabalgar, andar en bicicleta, escalar, hacer raffting, avistar pájaros o pescar. Y por supuesto, siempre está el Volcán Villarrica, aún activo y que parece rogar una escaladita. Desistimos y decidimos disfrutarlo en la distancia, estirando nuestras piernas mientras caminamos por el borde… ¡Esto es vida!
Continuamos explorando el sur de Chile antes de volver a Argentina para dar el último empujón hacia el sur: la Patagonia… Pero esa es ya otra historia…

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