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Miércoles, 18 de octubre 2017
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ETAPA 47. ARGENTINA. SALINAS Y VALLES EXHUBERANTES


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Circulamos suavemente desde los cerros colorados de Purmamarca hacia el deslumbrante salar de "Salina Grande" y finalmente descendemos una vez más a "La Linda", ciudad de Salta… Textos: Megan Unmee Son. Fotos: Laurent Granier y Philippe Lansac

Ascenso duro

chamos de menos la Puna. Después de días descendiendo lentamente la Quebrada de Humahuaca, nos disponemos a enfrentarnos a la altura una vez más. Seguimos el denominado Paso de Jama, una nueva ruta asfaltada que constituye la principal conexión entre el norte de Argentina y de Chile. El árido cañón sigue con su impresionante despliegue de colores y formaciones; un regalo de la naturaleza. Llegamos a la Cuesta de Lipán y nos enfrentamos a este nuevo obsequio, esta vez de origen humano. El camino aparece esculpido en la falda de la montaña y termina en curvas tan angulosas que sorprenden hasta al más experimentado conductor. Algunos carteles pintados en blanco señalan los peligros del camino, mientras otros amarillos anticipan las curvas de 30º para aconsejar tomarlas despacio. Sin embargo, los enormes camiones cargados de alimentos con sus cabinas dobles, estrechan el paso hasta el punto de que no hay más opción que parar al cruzarse con ellos. El precipicio queda a nuestro lado, y un rápido vistazo nos permite contemplar la severidad del serpenteante camino que acabamos de subir. El aliento quiere huir de nuestras bocas cuando vemos como el viento empuja con fuerza un cartel en el que se puede leer: 4.140 m. Pese a todo, ni el coche ni nosotros extrañamos especialmente esta altura.

Perdidos en un mar blanco: si bien conducir sobre sal es relativamente seguro, uno debe mantenerse sobre las huellas del camino. No es raro que algún coche quiebre la superficie y quede atascado en un piletón, de donde es difícil salir sin ayuda.

La Arena de Sal

Los salares siempre nos fascinan y para nuestra sorpresa aprendemos que no sólo podemos encontrar el Salar de Uyuni, en este país también hay inmensos terrenos blancos que abarcan la elevada puna. Nuestra estancia en Bolivia ha sido breve. Cuando ya está a punto de terminar la estación de lluvias hemos recibido consejos respecto a la conducción por la sal, todavía cubierta de agua: "Avanzamos sobre la sal sin poder disfrutar de las buenas rutas debido a la capa de agua que empantana cualquier camino", nos contaba una pareja que también está dando una vuelta al mundo. El espectáculo es hermoso; un espejo perfecto que refleja el cielo azul y las blancas nubes. Dos minutos después escuchamos un ruido ensordecedor e inmediatamente comprobamos que las ruedas se han hundido en un pequeño pozo. Con nuestro cabrestante inutilizado lo único que podemos hacer es esperar. Por suerte, al día siguiente conseguimos que un vehículo nos saque, de otro modo hubiéramos podido permanecer atascados durante días viendo descender nuestra provisión de agua e inmersos en una situación evidentemente grave. Al menos para llegar a la Salina Grande no hay ningún problema: el camino pavimentado está muy bien. Cuando nos acercamos a la casa de sal, nos tienta la posibilidad de sacar el coche del camino, y viendo algunos camiones que lo hacen aprovechamos la oportunidad. Enfrentándonos al blanco horizonte que se despliega ante nosotros nos sentimos como en otro planeta. Con una emoción desbordante nos dirigimos hacia pequeños montículos de sal que casi parecen espejismos dispuestos en línea en medio del salar. Cuando nos acercamos vemos personas que cargan sal en bolsas. Sus caras están completamente cubiertas para protegerse del reflejo del sol. Pensando que quiebran la sal con sus herramientas, nos sorprende ver, a su lado, pozos rectangulares de agua limpia de norte a sur. Al acercarnos vemos la superficie de cada uno de estos pozos cubierta por una fina capa de sal cristalizada, tan blanca y pura como la que uno tiene en la mesa…

Docenas de curvas marcan el camino en la Cuesta de Lipán mientras trepamos al cruce, a 4.200 m de altura sobre el nivel del mar.

La Linda

Situados en la ruta 9 continuamos nuestro viaje hacia el sur. Las cálidas temperaturas nos reciben después del frío de la puna, rumbo hacia la ciudad de San Salvador de Jujuy, conocida por su papel durante las batallas de la independencia. Aunque el asentamiento lo ocuparon anteriormente tribus locales, la ciudad fue fundada en 1592 por Francisco de Argañaraz y Murguía. Hoy en día es una mezcla de pasado y presente donde se pueden apreciar las raíces quechuas más que en cualquier otro lugar del noroeste argentino. Después de una rápida parada para remojar nuestros aquejados cuerpos en las aguas termales de Trema de Reyes, un nombre se repite en nuestras mentes: "La Linda". La aridez de los alrededores en un abrir y cerrar de ojos deja paso a exuberantes campos llenos de caballos y ganado vacuno en el Valle de Lerma, una cuenca rodeada de picos verdes donde la primavera parece perpetuarse. Fundada en 1582 por Hernando de Lerma, la tierra había sido ocupada anteriormente por los Incas, que aquí vivían de la agricultura y ganadería. Los tejidos, cerámicas e instrumentos musicales y las propias ruinas de Incahuasi, no muy lejos de la capital de Salta, ofrecen una evidente muestra de su presencia.
Cuando los españoles ocuparon esta región, el propósito era proveer defensa y apoyo al comercio y la comunicación entre Santiago del Estero y Perú, de modo que aprovecharon el trabajo que anteriormente se había realizado en el lugar para reforzar los aislados y débiles asentamientos españoles de los alrededores, convirtiendo éste en un punto importante en la ruta hacia Potosí, y más adelante hacia el puerto de Perú, El Callao, además de en una importante área de producción, ya que los animales engordaban en los ricos pastizales y los cultivos crecían como en ningún otro lugar del altiplano, cubriendo las demandas de la gente de la altura. Sin embargo, más adelante se produjeron acontecimientos determinantes, como la interrupción del comercio con Perú alrededor de 1810, y la guerra de la independencia que causó un deterioro general de la Economía del NOA (Noroeste Argentino).

Hoy, Salta mantiene unas raíces coloniales que se hacen evidentes en su arquitectura, y en esa energía que le confiere el hecho de ser lugar de paso de los turistas que se enfrentan a la Quebrada de Humahuaca, y al sur de Bolivia. La ciudad nos ofrece unos días de descanso, así que nos tomamos el tiempo necesario para visitar el Museo Histórico del Norte, que cuenta con una interesante colección de muebles del período colonial, además de arte religioso y moderno, y el MAAM (Museo de Arqueología de Alta Montaña), donde se exhibe el increíble arte de los Incas y las tumbas de las momias de los tres niños ofrecidos a los apus -las altas cumbres de los Andes- recientemente descubiertas y traídas al museo para ser estudiadas. Los alrededores de Salta también nos ofrecen una oportunidad para estirar las piernas. Finalmente llegamos a San Lorenzo, que parece anidar al pie de los cerros, y acampamos en la orilla del río, junto a la garganta de la cascada. Aquí, con las copas de los árboles sobre nuestras cabezas, es difícil creer que el desierto está tan próximo.

Nuestro camino continúa hacia el sur por una serie de formaciones rocosas, valles donde el vino se produce en grandes cantidades, y habita una sorprendente comunidad de gente rubia con ojos azules que consume chucrut en abundancia. Pero esa ya es otra historia que os contaremos el próximo mes…

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