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ETAPA 46. ARGENTINA. EN LA RUTA DEL TURISTA


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Superados todos los obstáculos, entramos finalmente en Argentina, y lo primero que hacemos es darle gusto al estómago probando la famosa carne del país antes de encarar la Quebrada de Humahuaca, que forma parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO, y es una auténtica explosión de historia y de color... Textos: Megan Unmee Son. Fotos: Laurent Granier

Patrulla de frontera

a frontera entre Villazón y La Quiaca, situada en una meseta inhóspita, aparece apenas como una pincelada verde en medio de un paisaje de rocas y arena. El cauce del río, a modo de límite de ambos países, avanza casi seco de este a oeste. Sin posibilidad de intuir todavía lo que nos podemos encontrar, nos acercamos a la frontera con Argentina atravesando una avenida cuya limpieza contrasta con la suciedad del mercado ambulante del lado boliviano. Cruzadas más de 48 fronteras en esta vuelta al mundo, ya estamos acostumbrados a esa tendencia casi rutinaria a que algo salga mal. Y después de todo, lo peor que nos puede pasar es tener que dar una "propina" no oficial, pero dado que estamos entrando a Argentina esperamos que todo se resuelva con cierta fluidez. Una fila de gente espera en la ventanilla de migraciones. Preguntamos a un oficial uniformado por un lugar donde aparcar y nos conduce hacia un pequeño espacio, justo detrás del punto de control, donde nos deben sellar los pasaportes de la salida de Bolivia y la entrada a Argentina -vamos, lo habitual-. Con la tinta aún fresca secándose en nuestros pasaportes, estamos listos para pasar. Es el turno del coche.

Aunque no se sabe mucho sobre las
ruinas precolombinas de El Pucará, han sido prolijamente restauradas para mostrar los espacios donde la gente vivía en aquellos tiempos.

El agente casi ni nos mira cuando entramos en la oficina con los papeles. "¿Qué vehículo traen?" Lo señalamos. "Título, licencia y pasaporte". Coge los papeles pero parece confundido. "Esto es una copia, no el original". Continúa, refiriéndose a una carta oficial de Renault. "Necesito el original, o en su defecto, necesito que esté compulsado por el cónsul francés en este país." Eso sería en Buenos Aires, más de 2.000 km al sur… Imposible. Casi ni nos mira cuando se dirige a nosotros. Es obvio que estamos viajando alrededor del mundo. Todos los sellos que hay en nuestros pasaportes y los del coche son legales. "Sin los papeles adecuados no pueden entrar. Este no es cualquier país. Nosotros tenemos leyes. Esto es Argentina”. Se ha contaminado en su puesto. Evidentemente, es cierto que hay una auténtica ruta de coches robados, y que las estrictas leyes fronterizas intentan frenarla. Sin embargo, el hecho de que él crea que nuestro automóvil pertenece a una banda de ladrones no deja de ser una auténtica locura si tenemos en cuenta que está totalmente cubierto de pegatinas y repleto de nuestras pertenencias.

Pero bueno, de acuerdo, preguntamos qué se puede hacer. "Consigan una carta del cónsul argentino en Francia, o del cónsul francés en Argentina." Lo que nos pide realmente no tiene sentido. Le ofrecemos una carta de Renault Argentina. "¿Será suficiente?", preguntamos."Bueno, veremos qué se puede hacer". Se mantiene severo. "Dejen el coche aquí, y cuando consigan la carta, vuelvan a verme", concluye antes de alejarse del escritorio.

Comienzan las llamadas telefónicas, e-mails, faxes… y unas horas más tarde, ya con el papel, volvemos a la frontera. Encontramos al oficial descansando al aire libre, con una taza de café en la mano, y casi debemos suplicar a sus compañeros que le pidan que haga su trabajo. Mira rápidamente el papel de fax, echa un vistazo nuevamente al título, la licencia y el pasaporte, llama a otro tipo para que llene los papeles, y en 40 minutos estamos oficialmente en Argentina. Ni siquiera registra el vehículo.

Las lluvias no abundan en esta región de los Andes de Argentina,
y los ríos no pueden estar más secos.
Sin embargo, con una lluvia fuerte este valle cambia totalmente…

Iguales, pero diferentes...

Queríamos viajar al sur, pero ya anochece y decidimos dormir en el lugar y visitar la ciudad de Yavi a la mañana siguiente. Establecidos en un pequeño hostal, salimos a recorrer La Quiaca. Todavía hay edificios de adobe, pero vemos algunas pequeñas diferencias respecto al país que acabamos de dejar: más autos, más productos, comida diferente. Es difícil creer que Bolivia esté apenas a 100 m… Mientras llegamos a Yavi a través de las impresionantes "puertas" del Cerro Colorado, tenemos la misma sensación: "Same, Same, but different!" (Iguales, pero diferentes!) Una cuidada iglesia del siglo XVII se sitúa en el centro del pueblo, una ubicación común en los asentamientos del altiplano. Entramos en un restaurante y no podemos evitar estremecernos al constatar que uno de los platos del menú es la llama. Pero no es una simple pieza de carne con arroz seco, aquí se sirve "A la Provenzal" con papas y vegetales salteados…

La Colorida Quebrada

Avanzamos realizando una buena media tras enlazar con la ruta 5, y después de entrar en la Quebrada de Humahuaca, recientemente nombrada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad. Este valle de 155 km de largo sigue el cauce del Río Grande y atraviesa o pasa cerca de pueblos como Humahuaca, Tilcara, Maimará y Purmamarca, por nombrar algunos. La Quebrada, poblada desde hace más de 10.000 años, fue un importante cruce de caminos testigo de una fluida comunicación económica, social y cultural. En el siglo XV fue utilizada como ruta de caravana por los Incas, y ya más recientemente como un punto de enlace entre el Virreinato del Río de la Plata y Perú. También fue testigo de varias batallas durante la Guerra de la Independencia. Contiene más de 200 sitios arqueológicos, culturales e históricos, y un escenario deslumbrante: la Quebrada de Humahuaca, que hace que nuestro viaje tenga sentido. Una especie de estrías de colores pétreos dominan el paisaje, con grupos de cactus para completar la paleta de colores. En Humahuaca visitamos la iglesia y el Cabildo, donde una réplica de San Francisco Solano aparece cada día en el campanario para dar su bendición. Varias rutas se adentran en las montañas ofreciendo numerosas oportunidades para salir del congestionado camino. Nuestro coche parece en forma mientras recorre esas alternativas paralelas. Nuestro siguiente objetivo es el cementerio de Maimará y la vieja estación postal de Hornillos antes de alcanzar el fuerte Inca de Tilcara, una impresionante estructura que corona la montaña con la perpetua misión de mantener la seguridad de la zona. Seguimos por caminos rocosos que avanzan entre cactus, y observamos las montañas que parecen vigilar el altiplano mientras nos dirigimos al oeste. Finalmente alcanzamos Purmamarca, y contemplamos el "Cerro de los Siete Colores", una impresionante muestra de los Milagros de la naturaleza que otorga una preciosa entrada al encantador pueblo. Paramos un poco. Tras el agotador camino boliviano creemos merecer un descanso, especialmente antes de encarar una vez más el altiplano a través del famoso Paso de Jama… Pero esa es ya otra historia que os contaremos el próximo mes…

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