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[ETAPA 44] ESTE DE BOLIVIA. EL TESORO DEL MUNDO


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Dejando atrás Las cristalinas aguas del lago Titicaca, nuestro viaje continúa hacia las montañas centrales visitando la ciudad de Potosí, conocida por la riqueza de sus yacimientos, y protegida por el famoso Cerro Rico… Textos: Megan Unmee Son. Fotos: Laurent Granier y Philippe Lansac

Tener que avanzar por caminos pavimentados hasta Potosí no está mal, especialmente tras la dura prueba a que estamos sometiendo al vehículo desde nuestra llegada a Bolivia. Prueba que, por otra parte, seguirá en nuestro devenir hacia el sur del país. No creemos que una pequeña y constante vibración nos haga ningún daño después de haber atravesado el desierto por pistas.

Una vez hemos sufrido la arena en nuestros ojos, narices y gargantas, qué más podemos esperar. Sin embargo, nos enteramos de que algunas de las principales vías pueden estar cortadas debido a incidentes. De hecho, no hace mucho hubo un bloqueo en el único camino a Copacabana que duró 12 días, y ahora hemos oído hablar de la posibilidad de que haya otros delante nuestro. "Estad preparados cerca de Oruro, es posible que os veáis afectados por una huelga…," nos dice nuestro amigo Daniel. Partimos por la tarde abandonando la ciudad al amparo de la oscuridad y con nuestras chamarras puestas en un intento de burlar las frías noches del altiplano.

Nos acercamos al mercado de Challapata, ya fuera de la zona maderera. Oruro queda 110 kilómetros atrás y parece que vamos bien encaminados hacia Potosí. Pero, tan pronto comenzamos a bordear la presa, aproximadamente a 10 kilómetros de Challapata, oímos un estruendo bajo el vehículo, y algo más adelante nos damos cuenta de que no podemos engranar las marchas de nuestro coche.

Un examen al vehículo nos sirve para comprobar que el semieje delantero izquierdo está suelto. No nos queda otra opción que volver a Challapata y surge el primer problema: ¿Cómo? Aunque el camino está pavimentado el tráfico es mímimo. Después de una hora sin que la situación varíe decidimos que hay que ponerse en faena: uno debe caminar en busca de ayuda mientras el otro permanece en el coche. Apenas comenzamos a discutir sobre quién irá, vemos que un coche se aproxima; se trata de un pequeño Fiat al que prácticamente obligamos a parar realizando desesperados movimientos en medio del camino. "¿Podrías tirar de nosotros hasta Challapata?" No perdemos la esperanza pese a que el coche, a simple vista, no dispone de potencia suficiente como para remolcar al nuestro. "Nos gustaría," contestan, "pero con este vehículo resultaría imposible. Podríamos acercar a alguno de ustedes hasta allí. Encontrarán fácilmente a alguien que les pueda ayudar." Hecho.

Segundo problema: ¿Los mecánicos de Challapata tienen conocimientos suficientes como para arreglar nuestro coche? La respuesta es que no, pero después de un rápido telefonazo a La Paz, nos ofrecen enviar a Juan, un mecánico que trabajó en el anterior Scénic, para evaluar los daños. La intención es que contactemos con él por la mañana siguiente. Sin embargo, al mediodía todavía no ha llegado. Han comenzado los bloqueos alrededor de Oruro y en otros lugares del país, y no parece que la situación vaya a mejorar: dos personas ya han muerto en enfrentamientos en Cochabamba. De momento nadie consigue pasar. "Veré qué puedo hacer," nos dice, "pero los autobuses no están saliendo". Las horas pasan sin que sepamos nada más. Intentamos llamar pero el teléfono se corta y no hay señal. Algunas horas más tarde recibimos su llamada: "Estoy en ello", "¿Cesó el bloqueo?", le preguntamos. "¡Apenas!". Tenemos que caminar durante unas horas para reunirnos con él, y al día siguiente vemos la situación reflejada en primera página de los periódicos: una foto muestra autobuses, coches y ríos de gente que se salen de la carretera para conseguir acceder al otro lado de la ciudad. ¡Vaya lío!

Un Potosí

Efectivamente el problema tiene su origen en el semieje suelto, con el perno en el extremo rozando y dificultando el engranaje. Por fortuna tenemos el repuesto, gracias a una vieja pieza que cambiamos meses atrás y que guardamos, aunque levemente doblada, tras nuestra desgracia en Guatemala. Está en condiciones más o menos aceptables y nos aseguran que nos permitirá llegar sin mayores dificultades a Argentina. Después de bordear el lago donde nos vimos forzados a parar, el camino se adentra en el altiplano. Nos escoltan algunas manadas de llamas que vamos dejando atrás y unas pocas aldeas, hasta que finalmente comenzamos una pendiente lenta y tortuosa que pasa por lo alto de un enorme valle de terreno rojizo. Una corta parada en Tarapaya -con sus manantiales conocidos por sus propiedades curativas que tiempo atrás actuaron como reclamo para hacer de éste el destino vacacional del inca Huayna Capac-, y nos situamos definitivamente con rumbo hacia Potosí, una de las ciudades más altas del mundo y muy famosa, además, por su plata.

Lo único que nos retrasa ahora es una corta interrupción debido a una carrera ciclista local, pero en cuanto finaliza, al pasar por lo alto, vemos la distintiva cumbre de Cerro Rico, un histórico símbolo del lugar donde se asienta Potosí, la ciudad más rica de América latina durante más de dos siglos.

Descubierto por un pastor de llamas en 1544, las reservas de plata se mantuvieron en secreto para no inquietar a los apus (espíritus) de la montaña. Sin embargo, en 1545 no pudieron ocultarlas más a los ojos de los españoles, ya conscientes de la enorme riqueza que atesoraban estas tierras y que inmediatamente comenzaron a utilizar miles de esclavos para extraer y fundir el precioso metal que luego se transportaba hasta Chile o bien se llevaba a Lima, donde se cargaba en los barcos que lo hacían llegar a España. En 1672 se comenzó a acuñar la plata merced a la primera "Casa de la Moneda" y se construyeron depósitos para sostener a la creciente población.

El resto de los géneros destinados a Europa seguían el mismo trayecto. Fueron construidas docenas de iglesias y el número de habitantes aumentó hasta alcanzar unos 200.000, lo que le llevó a convertirse en una de las ciudades más grandes del mundo. Pero tal explotación no podía durar, y cuando Bolivia consiguió su independencia la mina estaba ya agotada. Una subida en los precios de plata a mediados del siglo XIX aceleró dicho agotamiento, y hoy en día, en lo referente a metales, el cinc, el plomo y la lata han asumido el protagonismo como principales exportaciones. Su explotación se realiza a través de cooperativas mineras en condiciones que apenas han cambiado desde hace siglos.

Pese a la decadencia, para apreciar los restos de la pasada gloria de la ciudad basta un paseo por el centro urbano: La Casa Real de la Moneda, que fue la primera "fábrica" de Potosí; la calle Quijarro, estrecha y llena de edificios coloniales; y el convento de San Francisco, el monasterio más antiguo de Bolivia, fundado en 1547… Es como si viajásemos atrás en el tiempo. 

El clima no invita a tomar el sol, y después de algunas noches frías ya estamos deseando desplazarnos hacia tierras más bajas. Siguiente pa-rada:     Sucre, "la ciudad blanca de las Américas".

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