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El Mitsubishi Montero es un vehículo omnipresente en el campeonato de rallies todo terreno. Los hay todos de los colores y tamaños y con diferentes niveles de preparación, pero de la última versión del fabricante japonés, éste es el primero que ha tomado la salida en una carrera de forma oficial. Texto: Ángel Montalbán. Fotos: Tomás Gutiérrez.

El modelo lleva en el mercado mu- chos años, y en lo que a competición a nivel nacional se refiere, en las últimas temporadas ha crecido el número de equipos que se decantan por utilizarlo. Los resultados, el boca a boca, y sobre todo, el apoyo del fabricante a través de sus responsables en España poniendo en marcha la Evo Cup, han sido el caldo de cultivo ideal para que el número de Monteros en los parques cerrados no deje de crecer. La versión 2007 se empezó a comercializar en enero, por lo que dadas las horas de trabajo de taller que entraña una preparación de un vehículo de competición, parecía difícil que a finales de febrero alguna unidad pudiera estar lista para correr cuando prácticamente tendría que estar camino de las verificaciones de la primera prueba puntuable.

Los Palacios, habituales ya en el certamen nacional con un modelo de la marca de caja antigua, se animaron a participar con uno. Gracias a Ralliart España consiguieron una de las primeras unidades que llegaban a nuestro país de caja corta (para correr en la península el equipo consideró que era lo más idóneo) y no había tiempo que perder si querían cumplir los plazos que se habían marcado. Sin esperar al proceso habitual de entrega, uno de los miembros del equipo, José Luis, se plantó el 12 de enero en el puerto de Barcelona y se trajo rodando el vehículo hasta Madrid, pasando por Valencia "para hacerle kilómetros" y dejarlo en las instalaciones de Miracar taller, que junto al preparador especializado A.R.C. se hicieron responsables de la difícil misión de tener el coche listo en las fechas previstas. El día 28 de febrero recogieron el coche y también rodando se presentaron en las verificaciones del Terras del Rey. Poco más de dos semanas fueron suficientes para transformar el modelo de calle en una versión de competición cumpliendo la normativa en cuanto a seguridad y homologaciones.
A simple vista la unidad resulta muy atractiva por la vistosa decoración utilizada.

Llama la atención lo estrecho de vías que parece, aunque esta medida responde exactamente a lo que determina la reglamentación, que ha de mantener sus medidas de serie. Subirnos a bordo fue tarea fácil, ya que la altura de su piloto, Alejandro, es mayor que la nuestra, y el asiento está a buena distancia del volante y los pedales. El acabado general del interior es impecable y encomiable el esfuerzo del equipo en limpiarlo todo a conciencia para nuestra prueba, llevada a cabo cuando el vehículo estaba recién llegado de Portugal. Mantiene lo imprescindible respecto a su salida de la cadena de montaje (por petición expresa de los deportistas se ha dejado puesto el enmoquetado de las plazas delanteras) y se aprovechan los paneles del salpicadero para acoplar los sistemas de medición de distancias, los interruptores de corriente y todo el resto de sistemas y conmutadores que se utilizan a la hora de competir. Arrancamos y el sonido es mínimo.

Las restrictivas reglamentaciones que controlan las emisiones de humos de los vehículos comercializados en la Unión Europea alcanzan a la competición, que en este caso hace que se tengan que mantener los dos catalizadores con los que sale el vehículo en fábrica -principal motivo de la baja rumorosidad-, también colabora el motor, cuyo raíl común es menos ruidoso que el propulsor utilizado en modelos anteriores. Rodar con el coche es agradable y apenas da la impresión de estar a bordo de un vehículo de carreras por lo atenuado del sonido, la presencia del aire acondicionado y el hecho de andar noble y con aplomo. La amortiguación funciona correctamente y el motor, pese a estar en plena fase de desarrollo, es progresivo y de agradable respuesta, si bien dependemos mucho de la entrada en funcionamiento del turbo para rodar con agilidad. El tacto de todos los mandos, tanto el cambio como los frenos, es suave y directo. El vehículo sería capaz de satisfacer tanto al piloto como al aficionado radical que gusta de tener un vehículo efectivo para sus salidas al campo sin que sea incomodo en el día a día. Es, en definitiva, una buena base para competir sea cual sea nuestro nivel de pilotaje, nuestras aspiraciones deportivas o nuestras inquietudes viajeras o ruteras.

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