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Casi no recuerdo lo que es tener unas llaves de casa


Aprovechando el momento en que el Raid Koleos llegó a España, tuvimos el placer y la oportunidad de sentarnos tranquilamente con Laurent Granier, y disfrutar escuchándole hablar sobre sus más de ocho años dando vueltas por el mundo. Por Chus Estalayo

En junio de 2000 comenzasteis vuestra “Vuelta al Mundo”, e inmediatamente después os embarcasteis en el proyecto del Raid Koleos. ¿Imaginabais que la aventura se iba a prolongar durante tanto tiempo?

En principio la idea era realizar un viaje que durase unos quince meses, pero luego el tema se fue prolongando. Además, alternamos este proyecto con otros paralelos. Desde entonces nos hemos profesionalizado. Hemos publicado diez libros en varios idiomas, realizado tres películas… Así hemos ido consiguiendo los fondos que nos han permitido afrontar nuevos retos.
Es cierto que estamos en otra onda: los proyectos han crecido cualitativa y cuantitativamente, ahora son más grandes y requieren más medios, lo que nos obliga a viajar más a menudo a París. De hecho tenemos un proyecto que nos puede llevar a realizar 23 libros para GEO en Francia.

“La gente invierte más tiempo en la búsqueda de los fondos para viajar que en el viaje en sí”.

¿La aventura, en vuestro caso, es una filosofía de vida, o un periodo de tránsito?, ¿Para embarcarse en proyectos como los vuestros qué es más importante, las ganas o los contactos?

Mi caso particular es que no me gusta demasiado el trabajo exclusivo de oficina, aunque he trabajado en el departamento de marketing de varias empresas. Por ejemplo, durante dos años en Renault de Bogotá. La gente suele invertir más tiempo en la búsqueda de los fondos para viajar que en el viaje en sí. Nosotros desde el principio hemos ido intentando hacer ambas cosas a la vez. Si algo tienen estos tiempos es que te permiten llevar a cabo estos trámites desde cualquier parte del mundo vía internet, mail, teléfono… A estas alturas la tecnología facilita mucho las cosas.

Dices que prácticamente no has sabido lo que es tener unas “llaves de casa”. ¿Eres consciente de que mucha gente envidia un modo de vida con tan pocas ataduras?, ¿Se puede compatibilizar la aventura con algo mínimamente parecido a una vida familiar?

Es comprensible que desde fuera nuestra forma de vida para mucha gente resulte genial. En este sentido tal vez lo mejor es la sorpresa constante, ya que no sabes que te va a deparar cada nuevo día. Por otra parte eso también significa que es difícil encontrar un “lugar propio”. Nosotros tenemos esa base donde en algún momento nos recogemos y acuñamos nuevos proyectos en la Bretaña, al norte de Francia. Pero después de años viajando también llega el momento de pensar en la familia, los niños, y eso requiere de algo más sólido. Por eso nuestros proyectos se han diversificado, son mayores, y abarcan diferentes posibilidades como libros, películas, documentales e incluso cómics…

Habéis pasado muchos momentos complicados en las fronteras. ¿Cuáles son los países que más dificultades os han planteado en este sentido?

Tuvimos muchas dificultades en la frontera entre Mongolia y Rusia. Llevábamos visado de turistas, y todos los papeles necesarios, pero el oficial de turno decidió que no eran suficientes para entrar en Rusia. La espera se prolongó durante cuatro días pasados los cuales pudimos cruzar gracias a la mediación de Renault Rusia. Sorprendentemente, y a diferencia de lo que sucede en la frontera de cualquier otro país del mundo, para conseguirlo tuvimos que pasar como periodistas, algo que es más habitual esconder porque sólo suele traer problemas. 

“Es comprensible que para muchos nuestra forma de vida resulte genial.”
Tampoco podemos olvidar la etapa en que pasamos por Mongolia, donde nos retuvo, primero, una avería en el sistema electrónico del vehículo tras un vadeo, y luego el cierre de fronteras que siguió al asesinato de la familia real nepalí a manos de uno de los hijos del rey. Es difícil olvidar las sensaciones de ese día, con toda la gente en la calle. Fueron tres semanas las que nos vimos atrapados por la vorágine de los acontecimientos.

A lo largo de estos años ¿En algún momento habéis llegado a temer por vuestra integridad?

Realmente no, no hemos tenido una sensación tan acusada de peligro inminente. Por citar alguna aproximación, esa sensación, cuando ha venido, lo ha hecho de mano de animales salvajes, como un par de Grizzlys que nos siguieron durante un buen rato en Alaska, o por el temor a las serpientes y otros bichos en el desierto australiano.

En México D.F., por ejemplo, quien más inquietud nos producía era la policía, que nos paraba constantemente y que con normas reales o inventadas (como el hecho de no poder arrastrar un remolque por la ciudad) intentaba sacarte dinero constantemente. Aunque quizás el peligro más real viniera de la mano de la enfermedad y de la falta de higiene. En el Himalaya, después de que el agua nos dejara sin camino y nos obligara a dar un enorme rodeo respecto a la ruta prevista, caí víctima de una fiebre tropical. El médico, para tomar una muestra de sangre quería utilizar un cúter roñoso que daba miedo. Por supuesto me negué.

Del mismo modo, tendréis recuerdos especialmente agradables de ciertos lugares, de sus paisajes, de sus gentes...

En todo el mundo hay lugares realmente bonitos, paisajes impresionantes. Sin embargo tengo debilidad por América Latina: el altiplano boliviano, los volcanes, la Patagonia, Ushuaia… Son entornos fantásticos, increíbles. Me atraen especialmente los parajes inhóspitos, prácticamente deshabitados. En el mismo saco podemos meter territorios de Canadá, Alaska, Australia, Siberia. Espacios donde la naturaleza es virgen, pura, y donde la gente es tan real, tan próxima, como su contacto directo con esa naturaleza. Se trata de personas muy especiales, que viven en unas condiciones realmente duras, que se han adaptado a ellas y que no las cambiarían por nada.

“En estos años el mayor peligro real quizás haya sido la enfermedad y la falta de higiene”.

A lo largo de vuestros reportajes hacéis numerosos comentarios sobre el vehículo en los que habláis de él como de un compañero más... ¿Lo llega a ser?

Es lógico. El coche es tu casa. Se convierte en un amigo y en un compañero con el que vives muchísimas experiencias.

¿Qué aconsejáis a alguien que pretenda iniciar proyectos como los vuestros?

Depende. En principio le aconsejaría comenzar el viaje por puro placer, sin compromisos. Disfrutarlo, disfrutar de la aventura, de los paisajes, de la gente. Por mucho menos de lo que nos cuesta vivir el día a día en Europa podemos pasar temporadas bastante largas en muchos países. Si luego buscas algo más profesional, ya tienes que plantear las cosas de otra manera, buscar patrocinios en serio y convencer a través del proyecto del beneficio y la efectividad de la exhibición de las marcas, etc.

Se suele decir que viajar favorece el aprendizaje del individuo, que lo hace más sabio y más tolerante. ¿Realmente es así?, ¿ha variado sustancialmente tu percepción del mundo?, ¿eres una persona diferente a la que inició el primer proyecto?


Después de todos estos años la sensación más inmediata es la de que el mundo parece más pequeño, de que lo conozco mucho más. Cuando con 20 años me fui a la India me parecía que iba a la luna. Ahora es como si todo estuviera más cerca. Puede ser la consecuencia de tener amigos en todas partes. Cuando te diriges hacia algún país sabiendo que tienes gente allí es fantástico. Aprendes, también, a desmarcarte del bombardeo de información de los medios de comunicación y de las imágenes estereotipadas que generan prejuicios. Cuando la violencia se convierte en la principal fuente de noticias y su difusión adquiere carácter global, consigue que obviemos a la gente que vive su día a día, que trabaja, ríe y llora, cría a sus hijos y te ofrece toda su hospitalidad. Esa gente corriente que vive en países como Pakistán o Irán, personas curiosas, simpáticas, muy próximas, con las que el intercambio cultural es muy agradable. Por ejemplo, en Irán sólo nos llegan noticias de fanáticos, pero no se habla de la gente común, la que te ofrece lo que tiene, en primer lugar su comida, de lo bien que hablan el inglés en general, de que es el único país que hemos conocido en que si preguntas a alguien por una dirección, no se limita a darte un indicación, sino que te acompaña y si es necesario, visita el lugar contigo. En cierto sentido, y al margen de las catástrofes que se ven cada día en la TV, aumenta tu fe en la naturaleza humana. 

“Ahora el mundo me parece más pequeño”.

En un sentido más pragmático ¿Cuáles son las mejoras que más habéis notado en el nuevo Koleos respecto al RX4 de la Vuelta al Mundo?

Son dos mundos diferentes. El sistema de transmisión del RX4 era muy básico y la diferencia respecto al del Koleos se nota muchísimo. El Koleos nos ha permitido realizar rutas 4x4 con dificultades bastante mayores, mucho más fuertes. Sus cualidades todo terreno mejoran de tal modo a las del Scenic, que no son comparables. Y lo mismo sucede si nos centramos en la habitabilidad y el confort. Nosotros, mejor que nadie, podemos dar constancia de la gran evolución entre ambos modelos.

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