Comenzamos nuestro recorrido en la provincia de Sevilla, en la vega del Guadalquivir, concretamente en la localidad de Cantillana. De hecho el primer capítulo de la serie se titulaba "El Barquero de Cantillana" -apodo y oficio que Francisco López había heredado de su padre- en el que se narra como varios caciques de la villa impiden que a la muerte de este "Curro" pueda seguir trabajando de barquero, y ante las injusticias que sufre termina escapando al monte. Comenzamos el recorrido desde la gasolinera situada a las afueras del pueblo en un primer tramo que nos conduce por carretera en dirección oeste, hasta la localidad de Villaverde del Río. Poco después de pasar esta población giramos a la derecha en dirección a Burguillo, y muy pronto tomamos un primer tramo de pista señalizado hacia la finca "Piedras Gordas", con el camino jalonado por plantaciones de naranjos; no en vano nos hallamos en la fértil vega del Guadalquivir, que desde tiempos inmemoriales ha sido uno de los mejores terrenos agrícolas de toda Andalucía.
La pista se dirige rectilínea como una flecha en dirección norte hasta que llegamos a la entrada de la finca "Piedras Gordas" (casilla 7), momento a partir del cual cambia el paisaje y los naranjos dejan paso a zonas de bosque bajo, encontrando pronto los cercados de distintas fincas, algunas de reses bravas, y otros de tipo cinegético. En la casilla 8 la pista llega al asfalto y siguiéndolo, poco más tarde, alcanzamos la localidad de Castilblanco de los Arroyos, que atravesamos hasta salir en dirección hacia Almadén. A las afueras del pueblo tomamos a la izquierda una ancha pista en excelente estado por la que muy pronto descendemos hacia un pequeño embalse que atravesamos sobre el propio dique. A partir de aquí la pista empieza a ascender, y entramos en una zona de prados salpicados de encinas y alcornoques donde pasta habitualmente ganado bravo, pasando junto a la entrada de grandes fincas como la "Dehesa el Serrano". En la casilla 15 la pista deja paso a una carretera que en tiempos debió estar asfaltada, pero que ahora sólo conserva algunos restos, y muy pronto entramos en una urbanización situada a pocos kilómetros de la localidad de El Ronquillo.
Vía abandonada
Una vez en El Ronquillo, debemos atravesar el pueblo en dirección oeste, siguiendo los carteles que indican hacia el embalse de las Minillas. Una pista asfaltada desciende hasta el margen mismo del pantano, donde muere. Pero justo antes vamos a girar a la izquierda, siguiendo el trazado de un antiguo ferrocarril abandonado. Si tenemos tiempo y ganas, en este punto -casilla 22- podemos también tomar la vía hacia la derecha, recorriendo unos cinco o seis kilómetros junto al pantano en un tramo sin salida, lo que significa que luego habríamos de regresar a este mismo punto. Por tanto nuestra propuesta toma la vía hacia la izquierda, circulando junto al pantano, a veces sobre un talud y otras en el fondo de una trinchera. Si ha llovido encontramos grandes charcos y algunos pequeños derrumbamientos que no deben plantear grandes dificultades. Dejamos a un lado también un par de estaciones abandonadas y en ruinas, y finalmente, tras pasar bajo la carretera, nos incorporamos a ella en la casilla 23.
A partir de este punto las obras de la nueva autovía de La Plata nos impiden continuar por pista, por lo que nos vemos obligados a dar un rodeo por carretera, hasta tomar la que conduce a Aracena. Avanzamos poco más de nueve kilómetros y giramos a nuestra izquierda para situarnos en un largo tramo de pista, también en buen estado, que nos permite internarnos en plena serranía, entre grandes fincas ganaderas, avanzando en dirección norte. En la casilla 28 cruzamos una pista asfaltada, y ya en la 29 iniciamos el descenso girando hacia la derecha por un carril -como se denominan a la pistas en Andalucía- más estrecho y en peor estado que el que traíamos. Tras cruzar un arroyo circulamos durante algunos kilómetros paralelos a un cortafuegos, casi en la cresta de los montes, para finalmente descender al asfalto, por el que nos dirigimos hacia Peralejo, localidad donde encontramos una sección de camino que nos acerca otra vez a la carretera de Aracena.
Nuestro siguiente objetivo es Zufre, pueblo en el que tomamos un nuevo tramo de pista, ya el último. En este trazado merece la pena pararse y leer los numerosos paneles informativos que hay junto al camino y que nos proporcionan información sobre la naturaleza de esta zona privilegiada. Finalmente la pista se convierte en una estrecha carretera asfaltada, y descendemos hasta la localidad de Higuera de la Sierra. Desde allí, y ya por asfalto, nos dirigimos hasta la bella población de Aracena, donde ponemos punto y final a este largo recorrido.
Por Francisco Díaz