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Los equipos españoles han dominado la primera prueba del mundial celebrada en tierras portuguesas, con un soberbio doblete en la general encabezado por Sainz-Perin, a quienes siguieron Roma-Cruz, y con la victoria en los coches de serie gracias a Termens-Vilalta.

Carrera seria y exigente la montada por el Automóvil Club de Portugal, propietario de la prueba con el imprescindible apoyo del Clube Aven-tura, su antiguo dueño. La competición duró cinco días, comenzando con las verificaciones en la jornada del miércoles, al día siguiente tuvo lugar una prólogo de ocho kilómetros en Mafra, y en jornadas sucesivas dos pasadas a un tramo en los alrededores de las ciudades de Mora, Evora y Beja, respectivamente, hasta totalizar mas de 2.000 km, más o menos la mitad de ellos cronometrados. El terreno del primer día, roto y tortuoso, dio paso en la jornada del sábado a pistas anchas y de buen piso, con el contrapunto del vadeo en dos ocasiones del río Sorraia. Vadeo que algunos tardarán tiempo en olvidar por los múltiples atascos que se produjeron y por el tiempo que perdieron tanto poderosos equipos oficiales como el más discreto de los privados. El denominador común: polvo y dificultad para efectuar los adelantamientos. El Sentinel sigue apagado o sin ser escuchado por muchos participantes. No nos cansaremos de decir que hasta que no haya actuaciones de oficio por parte de los Comisarios Deportivos, la posibilidad de adelantar se puede calificar como de ciencia ficción. Los enlaces, y sobre todo, el esquema de carrera africana que permite que se pueda trabajar en los vehículos a lo largo de la noche al final de cada etapa, fue todo un reto para los equipos que vieron como el cansancio se acumulaba a medida que avanzaba la competición. Baste un dato: en todo el fin de semana algunas de las asistencias ni siquiera pudieron acercarse a los hoteles del equipo y durmieron a ratos durante el día.

Tres equipos mundialistas estuvieron presentes en el parque cerrado: Mitsubishi con dos unidades del MPR 13 para Roma-Cruz y Alphand-Picard, Volkswagen con dos Touareg 2 en manos de Sainz-Perin y Sousa-Schulz y un B.M.W. X-3 con Norbre-Palmeiro al volante. También a destacar los prototipos Nissan de Dessoude de diferentes niveles de preparación, con Barbosa-Ramalho como pareja con más posibilidades de destacar. Toda una incógnita eran las prestaciones de la flamante unidad de la misma marca, pero esta vez dentro de la estructura del equipo de De Mevious, en manos de Colin Mc Rae, que reapareció en la disciplina. El resto de españoles, con material bien preparado pero de menores prestaciones que el de la competencia, tomaron la salida con las mejores intenciones, tanto para la carrera como para nuestro certamen. Mayoría de Mitsubishis, poco más de una docena de Navaras de la Copa, dos flamantes Hilux y varios de los privados habituales. Para los nuestros el recorrido era puntuable hasta la penúltima jornada, inclusive, tras la cual se entregarían los premios. Quedaba a juicio de cada equipo la decisión de acabar la carrera del mundial disputando la etapa del domingo.

En la prólogo Sainz ya dejó constancia de las diferencias de calidad de pilotaje que atesora y se impuso con claridad. Mc Rae se clasificó segundo, a casi cinco segundos, y tercero fue Barbosa. Roma-Cruz se colocaron a continuación, seguidos por sus compañeros de equipo. Las distancias entre todos eran escasas y se perfilaba una carrera “de infarto". El equipo más rápido entre los del nacional fue Anglada-Pares (22º) seguidos por Fernando Hernández-Morales (28º), Herrador-Puebla (29º), Termens-Vilalta (30º), José Hernández-Rochera (31º) y Vera-Herrero (33º). Si bien Anglada se retiró al comienzo de la segunda etapa larga al romper su caja de cambios cuando parecía que podía meterse entre los diez primeros, los otros cinco llevaron a cabo una de las mejores carreras que se recuerdan, sin un vencedor claro y con algún que otro intercambio de posiciones, muy cercanos en los tiempos durante todo el fin de semana. Finalmente José Hernández fue el mejor del grupo (11º en meta) precediendo a Termens-Vilalta (13º), que se retrasaron al realizar un tramo casi completo a menor ritmo del habitual por rodar con problemas en un diferencial -según creían- que luego se tradujeron en una avería en una transmisión. Terceros fueron Fernando Hernández-Morales, también alejados de la victoria tras algún que otro contratiempo mecánico. Un lugar más atrás Herrador-Puebla, necesitados de un buen resultado y cuidando la mecánica a toda costa. Vera-Herrero, quintos, sacaron todo el partido a su humilde Mazda, que de no ser por un neumático degradado muchos kilómetros y un fallo en la batería en una zona donde era prácticamente imposible empujar el coche para arrancarlo, hubieran estado bastante más arriba en la clasificación final. Roma-Cruz metieron el coche en el parque cerrado que daba fin a la carrera española en cuanto a puntuabilidad. Situación cuando menos curiosa, porque no parece que el equipo oficial tenga intenciones de salir al resto de carreras de nuestro certamen. Como consecuencia los ganadores oficiales de la tercera carrera del campeonato fueron ellos.

Un importante grupo de españoles con opciones de destacar se vieron traicionados por la mecánica: Plaza-Salvador se quedaron sin turbo cuando el paso de los kilómetros les hacia albergar esperanzas de estar arriba en meta, las dos nuevas Hilux parecían apuntar tiempazo, pero Gaig-Amblas también se quedaron sin turbo cuando rodaban muy rápidos (no daba la impresión de que no habían podido rodar previamente con el vehículo), sus colegas de montura, los Blanco, rompieron una mangueta en un agujero profundo y Segura-Corver se quedaron sin suspensión. Peor aún les fue a Villar-López, retirados al accidentarse en los primeros kilómetros de prueba. Y todavía fueron más adversas las circunstancias para Recuenco-Alijas, que sufrieron una fuerte salida en los primeros metros de la prólogo con el flamante L-200 que estrenaban en la cita lusa. Salinero-Ruiz, aunque retrasados, sí consiguieron terminar la carrera. Otros que llegaron a meta aún volcados fueron De Dios-Alcoba.

Por delante las cosas rodaban muy deprisa, en los primeros kilómetros parecía que Nani podría plantar cara al madrileño, pues se impuso en el primer tramo por pocos segundos. Puro espejismo. Desde el segundo tramo, y hasta el final, Sainz fue batiendo a sus rivales sin compasión, pero pudo correr más, ya que nos manifestó personalmente que tan sólo corría para ganar la carrera controlando a sus rivales, y que si fuera preciso su ritmo podría ser aún más alto. Físicamente no estuvo tan fuerte, ya que sufrió un desfallecimiento al término de la penúltima etapa, debido al calor, lo que obligó a su copiloto a conducir el Touareg desde la llegada hasta el vivac, y a él a recibir posterior atención hospitalaria, lo que no le impidió completar el último día de competición. Roma-Cruz, incluso retrasados por un par de pinchazos, fueron capaces de adjudicarse el segundo puesto con total autoridad. El tercer lugar lo ocuparon Sousa-Schulz con el segundo Volkswagen. "No he encontrado mi ritmo en toda la carrera", matizó el portugués, que perdió bastante tiempo en un vadeo. Cuarto concluyó el segundo Mitsu, el de Alphand-Picard, que sufrieron un fuerte impacto con una piedra y que también se quedaron retenidos en el río. Tras los oficiales se situaron los locales Campos-Baptista, que realizaron una carrera muy meritoria trastocada puntualmente por los "intrusos" (ver zona de asistencia). Las diferencias con el resto fueron considerables y la carrera no puede juzgarse con objetividad si nos atenemos a lo antes mencionado. Los resultados de la prueba deben ser tenidos en cuenta como oficiosos, ya que los Comisarios Técnicos llevaron a cabo una verificación del combustible empleado por los Volkswagen y hay que esperar al análisis de la F.I.A. para elevar la clasificación final al rango de definitiva.

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