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Domingo, 22 de octubre 2017
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ARB Outback Experience 2007. El final del fin del mundo


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Este relato hará perdurable el recuerdo de un inolvidable viaje confiando en que vosotros, a los que os entusiasman los retos, la aventura y el 4x4, os hayáis sentido por unos instantes protagonistas de alguno de los episodios u os hayáis imaginado con vuestro vehículo en aquellas dunas rojas. Si vuestro espíritu de aventura se ha despertado: ¡Adelante! Australia es el paraíso del todo terreno y cualquier aficionado que tenga la posibilidad de ir volverá convencido de que hay un antes y un después. Por Virginia Pastor

Día 7. Mungerannie - Marree - Lyndhurst - Leigh Creek - Parachilna - Blinman - Wirrealpa.

Un día más nos despertamos al toque de diana ofrecido por la algarabía de los patos, pelícanos y otras aves acuáticas que invadían las orillas del río cuando amaneció.
Dejamos Mungerannie con algo de pena porque el poco tiempo que pasamos allí fue muy entrañable, pero proseguimos la aventura y la recompensa no tardó en llegar, ya que por el camino nos detuvimos a fotografiar unas garzas y eso propició el encuentro con tres jóvenes ganaderos a caballo con los que tuvimos ocasión de charlar e incluso alguno de ellos -una en este caso- Shannon, me dejó montar su precioso caballo "Play Boy" durante unos minutos. Ella nos contó que pertenecían a una familia de rancheros y conductores de ganado, y que siguiendo la tradición de sus antepasados participaban todos los años en la caravana que recorre las antiguas rutas del ganado. El Great Australian Outback Cattle Drive es un acontecimiento anual que recrea el esplendor y el romanticismo de los históricos conductores de ganado en el Outback australiano. Esta experiencia épica mueve más de 500 cabezas de ganado acompañadas de 150 vaqueros a caballo, y los visitantes que vienen de todos los rincones de Australia y de otras partes del mundo, pueden cabalgar junto a los descendientes de aquellos primeros ganaderos que poblaron esas tierras y revivir una parte de la historia de aquel país. Las comunidades asentadas a lo largo del recorrido por la ruta Oodanadatta Track, organizan acontecimientos como picnics, rodeos y gymkhanas para mostrar al paso del evento su espíritu y la historia de estos municipios. La ruta comienza en Willian Creek y termina en Oonadatta tras más de quince días y alrededor de 400 km de recorrido. Cuando los primeros colonos y ganaderos se establecieron en estas tierras, la principal dificultad la constituían, lógicamente, las grandes distancias, y cómo hacer llegar su ganado y sus productos al mercado. Aquellas voluntariosas caravanas de transporte de ganado a pie, que tardaban más de cuatro semanas en desplazarse con los imprevistos añadidos de esa imperdonable región, propiciaron con el paso del tiempo la construcción del ferrocarril para aliviar la situación, siendo la ciudad de Marree el epicentro del transporte de ganado. Otra de las dificultades añadida era la falta de agua para los animales durante el recorrido, así que el gobierno australiano financió la construcción de pozos a finales del siglo XIX, encontrando un gran acuífero (Great Artesian Basin) que en la actualidad sigue suministrando agua por casi toda la región. Este gran río subterráneo que está sustentado sobre una base de roca sedimentaria, se nutre principalmente de las aguas de lluvia que descienden de la cordillera australiana situada al norte del país, en la región de Queensland. La profundidad de la captación es variable, llegando incluso hasta los 2.000 m, y el agua brota a diferentes temperaturas, en algunos caso casi hirviendo. Debido a que la presión disminuyó por un uso excesivo del acuífero para regar los pastos del ganado, las aguas dejaron casi de emerger y hubo que actuar sobre los pozos para regular el flujo y garantizar el suministro continuo. Al poco tiempo llegamos a Marree, una población que se sitúa en el cruce entre las rutas de Birdsville y de Oodnadatta. Fue un núcleo importante tanto para viajeros como para los trabajadores de la línea de telégrafo, y posteriormente como enclave ganadero con la llegada del ferrocarril en 1884. Por aquel entonces también se estableció una comunidad Afgana, y recientemente se ha reconstruido su mezquita y rescatado su historia, pudiendo ser visitada por el público. Continuamos la ruta y llegamos a Lyndhurst, una vieja ciudad histórica donde llegaba el ferrocarril, y a Leigh Creek, una ciudad de explotación de hulla, y allí nos detuvimos para almorzar en el famoso Hotel Prairie, en Parachilna. El menú fue una auténtica "salvajada", ya que se trataba de degustar casi todo lo que se puede encontrar en la vida salvaje del outback: camello, canguro, emú... ¡Rico, rico! Además, el hotel es uno de los mejores de la zona; cuenta con todas las comodidades, ya que ha sido reconstruido recientemente, con una filosofía innovadora y ecológica, y sus habitaciones, que se encuentran semienterradas, mantienen una temperatura agradable durante todas las épocas del año.

A media tarde nos adentramos por el desfiladero de Parachilna, y el atardecer nos deleitó con un sin fin de colores y cientos de nubes caprichosas que se proyectaban sobre altísimos riscos y rojas pendientes salpicadas de pintorescos eucaliptos. Bajo ellos descansaban decenas de canguros al atardecer. Tras el descanso del guerrero en el pub de Blinman, llegamos al atardecer a la estancia de Wirrealpa, que sería nuestra base para las dos siguientes noches y donde nos esperaba el matrimonio Fargher con una cena estilo outback que nos sirvieron en un maravillosos comedor. Tras la cena y la ronda de presentaciones, el dueño de la finca nos dio datos y explicaciones acerca de la explotación que gobernaba. Fue una velada tan auténtica que se convirtió en inolvidable para todos.

Esta hacienda tiene una extensión de 1.700 km2 y lleva funcionando con ganado bovino y ovino desde hace más de cincuenta años. Ahora es explotada por esta familia, Warren y Bárbara y un primo de éste. En la actualidad cuentan con unas 18.000 ovejas que manejan entre ellos dos con la ayuda de una moto, un todoterreno y una avioneta. El ganado está disperso por la extensa finca durante todo el año, excepto en la época de frío, en la que algunas cabezas vuelven, incluso, al redil, por sí mismas, aunque al menos una vez al año son conducidas hasta las instalaciones para ser esquiladas, tarea para la cual contratan ayuda externa durante algunos días. Warren nos hizo una demostración de la gran habilidad que se necesita para esta labor, y de cómo se trata la preciada lana recién esquilada, comentando que un buen profesional puede llegar a esquilar unas 150 ovejas en un solo día.
Distancia aproximada 450 km.

Día 8. Wirrealpa - Angorichina

Aunque pensábamos que pasar día entero en la hacienda iba a servirnos como jornada de descanso y relax, disfrutando de bucólicos paisajes y buena comida, nuestras actividades comenzaron antes de que saliera el sol. Alojarse en una hacienda permite elegir entre relajarse con un buen libro bajo un eucalipto acompañado de una cerveza, cómo no, y dejarse mecer por las hiladas nubes, acunar por el quejido del ganado, por el chirrido de las aspas del molino y respirar profundamente... o participar junto a los dueños de las tareas propias de una granja. Y con el tamaño de ésta es fácil imaginar que antes de que salga el sol ya comienza el trabajo. Nosotros elegimos lo segundo, aunque más que ayudar estorbábamos, y fueron ellos los que por un día cambiaron su rutina de trabajo para agasajarnos y hacernos disfrutar de nuestra estancia allí con todos los medios que tenían a su alcance. Por eso, antes del desayuno ya estábamos dando paseos en su avioneta, contemplando cómo el amanecer cambiaba los colores de las onduladas cimas e iluminaba los pequeños arroyos plateados sobre la tierra arrugada. El cielo fue adquiriendo un color plomizo amenazando tormenta, así que decidimos pegar los pies al suelo y tras el almuerzo iniciar una ruta con nuestros vehículos cuando la lluvia empezaba a caer. Recorrimos una ínfima parte del terreno que habíamos contemplado desde el cielo para llegar a la cima de Carry Peak. Por el camino pudimos comprobar el excelente funcionamiento de los bloqueos de diferencial ARB instalados en todos los vehículos que llevábamos, y algunos disfrutaron queriéndose lucir mientras los demás hacíamos fotos. El cielo seguía negro y al refugiarnos entre unas rocas que se erigían en el paisaje como un mirador, nos encontramos con un cementerio de canguros. Ante tan macabro hallazgo, y rodeados de blancos huesos, nos explicaron que los canguros no es que se comporten como los elefantes y vayan a morir al mismo sitio, pero sí que buscan resguardo cuando se encuentran enfermos, de modo que cualquier rincón de árboles o piedras que levanten algo de altura sobre tan raso terreno sirve como refugio ante su malestar. Si finalmente mueren, se van acumulando los restos y aquello se convierte en un improvisado cementerio. Aunque estábamos cerca de la hacienda contigua, Angorichina, de unos 500 km2, lo fascinante era que nos encontrábamos en un lugar casi inaccesible para la mayoría de la gente, y eso nos permitía descubrir estas fascinantes escenas al alcance de muy pocos.

Al volver a la hacienda pusimos en común nuestras impresiones del día mientras esperábamos degustar la segunda deliciosa cena preparada por la familia, para después escuchar junto a la hoguera y de la mano de unos vecinos que vinieron a conocernos, canciones y poemas tradicionales que relatan situaciones reales de la historia australiana con un buen toque de humor.

Día 9. Wirrealpa - Hawker - Craddock Hotel - Orooroo - Broken Hill

Bajo una maravillosa luz abandonamos Wirrealpa después del desayuno y circulamos por paisajes ya muy diferentes a los de días anteriores, dirección a Broken Hill. Paramos en Wilpena a repostar y pudimos hacer algunas compras de artesanía local, donde los colores de la tierra, el cielo y los cipreses estaban plasmados por los artistas locales en cuadros, pañuelos, bordados y cerámicas. El toque especial del día fue el almuerzo en el Hotel Craddock, que tiene una gran reputación en todas las partes del Sur de Australia por su excelente cocina.

Por desfiladeros rojos y profundos, ricos en vegetación y vida, hermosas colinas donde concurre la más cruda belleza del desierto con los más deslumbrantes lagos que uno pueda imaginar, vestigios aborígenes, pubs con sabor "outback" y diminutas poblaciones llenas de arte y tradición, llegamos a la cordillera Flinders que emerge descarada y amenazante cuando nuestros ojos ya se habían acostumbrado a tan lejano horizonte. Flinders Ranges es un gran Parque Nacional, adecuado para ser recorrido con cualquier tipo de vehículo todoterreno, turismo o autocaravana, si queremos disfrutar de sus diferentes atractivos durante días. Tiene un clima suave, más tipo mediterráneo, con espesa vegetación y verdes praderas, donde se ve saltar a los canguros por doquier. La pesca es excelente y la fauna y flora abundante, además de ofrecer un paisaje de colinas y rocosos desfiladeros de colores que rebosan espectacularidad. Hay infinidad de rutas para hacer a pie o en bici, zonas de acampada, alojamiento en propiedades u hoteles, y oficinas de información y turismo donde podemos encontrar todo lo necesario para no perdernos nada: guías, mapas y planisferios celestes, ya que la enorme cantidad de estrellas que se pueden contemplar desde sus colinas es algo que nunca se olvidará. Después de tanta aridez y extensiones tan interminables, fue un descanso para la vista y los sentidos almorzar bajo inmensos eucaliptos y coníferas azotados por una suave brisa. En nuestros vehículos, que parecían monigotes de barro sobre el asfalto, recorrimos los kilómetros que nos separaban de Broken Hill para llegar al atardecer al lugar donde nos esperaba la organización de la Outback Challenge, la prueba más emblemática y extrema de Australia y que había comenzado días antes salvando más dificultades de las ya habituales como consecuencia de las lluvias caídas en los últimos días. Estábamos algo cansados tras el viaje que llegaba a su fin, pero nos esperaban tres días en los que íbamos a saborear en primera línea la satisfacción, la dureza, la fatiga y los triunfos de los competidores llegados de todas las partes de Australia y otros países del mundo, ¡al límite!
Distancia aproximada: 420 km.

Como ya os contamos en el número de julio, la prueba finalmente fue suspendida a causa de las lluvias, y aunque llevaban varios días compitiendo solamente pudimos disfrutar de un día de carrera y espectáculo. Desolados emprendimos el camino de regreso a Melbourne, nuestro punto de partida de esta inolvidable experiencia y punto final de esta aventura, aunque como todo lo malo, tiene su lado bueno, ya que disfrutamos de dos días visitando la ciudad que también valieron la pena. Bajo los rascacielos recordamos las noches estrelladas y en torno a la mesa de un lujoso restaurante invocamos el fuego de la hoguera y los deliciosos pinchos de canguro. Así se deshizo el grupo y nos despedimos del equipo de ARB que nos acompañó durante todo este viaje, y de los compañeros llegados de todo el mundo, que pese a ser expertos viajeros y profesionales se fueron tan satisfechos y sorprendidos como yo de saber, por fin, que el norte está hacia allí...

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