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[ETAPA XV] TRAS LOS PASOS DE JACK LONDON


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Después del Océano Pacífico, el equipo de la Vuelta al Mundo retoma el rumbo recorrido hace un siglo por el célebre escritor del Gran Norte, hasta Dawson City, la ciudad Eldorado. Texto y Fotos: Laurent Granier y Philippe Lansac.

Un joven americano en el Gran Norte

Tras descubrir la tribu de los Tlingit sobre la costa oeste del Pacífico y los tramperos en los montes Chilkat, decidimos seguir con rumbo norte hacia el Círculo Polar Ártico. Para ello elegimos el camino que Jack London utilizó hace un siglo. El célebre escritor recibió la llamada del Gran Norte en una fecha muy concreta, exactamente el 14 de julio de 1897. Ese día, en el puerto de San Francisco, del buque Excelsior bajaron 40 hombres cargados del precioso y dorado metal; una tonelada de oro puro en pepitas recogidas a orillas del río Klondike cuyo valor ascendía a 700.000 dólares. El barco procedía de algún puerto del norte de Canadá, cerca de la frontera con Alaska. Jack London tenía 21 años cuando la noticia apareció en todos los periódicos. Sin dudarlo, después de haber intentado todos los pequeños trabajos posibles en las calles de San Francisco o en la bahía (incluso como pirata de perlas), decidió probar suerte. Consiguió dinero prestado de su cuñado para comprar los equipos necesarios y un billete de barco, y el 25 de julio, a bordo del SS Umatilla (sobrecargado con otros 800 locos por el oro), dejó San Francisco camino hacia Skagway, en Alaska. Fueron más de 250.000 los buscadores que probaron suerte entre 1897 y 1899. Sólo una quinta parte llegaron hasta el final, pero muy pocos encontraron realmente oro, y entre ellos no estaba Jack London. Partiendo de la costa del Pacífico, el por entonces muchacho efectuó un periplo de más de 700 km a pie, a caballo y en balsa, para alcanzar Dawson City, la ciudad Eldorado. A su llegada, todas las concesiones habían sido ya tomadas, y de todas formas el intenso frío impedía todo tipo de prospección. Así que se pasó el invierno en los bares de Dawson escuchando historias de indios y de buscadores de oro. Pero en junio de 1898, afectado por el escorbuto después de tantos meses encerrado en una cabaña, descendió el río Yukon hasta el mar de Bering y se embarcó en un vapor con destino San Francisco. Retornaba sin oro, pero con una inmensa reserva de historias.
Ya de vuelta, hubo de mantener una larga batalla con los editores para publicar finalmente “El hijo del lobo”, su primera compilación de novelas, en 1900. Le siguieron en 1903 “La Llamada del bosque” y otras más. El éxito de sus escritos hizo que a comienzos del siglo XX Jack London se convirtiera en el escritor mejor pagado del mundo.

Dawson, la ciudad del placer

Después de 500 km en ruta en medio de una terrible tormenta de nieve, llegamos finalmente a Dawson City. Al recorrer sus calles repletas de casas con fachadas de madera coloreadas, desde Down Town Hotel hasta Westminster Saloon, tenemos la impresión de encontrarnos en una película. En sus mejores momentos la población de la ciudad llegó a 40.000 habitantes, en una época en la que se veía cómo algunos buscadores de oro se convertían en millonarios en algunas semanas. Los salones y los hoteles se multiplicaron. Construyeron un casino y hasta una ópera. Se pagaba en polvo de oro o en pepitas, y los precios alcanzaban niveles astronómicos. Tanto dinero en un lugar tan aislado atrajo una multitud de prostitutas, y Dawson se convirtió en la ciudad del placer.
Hoy todavía sobrevive el alma de Eldorado, aún cuando en invierno no hay más de 600 personas. Y es que, por un lado, todavía hay varios centenares de buscadores de oro, y con el aumento del precio del metal amarillo que siguió a la guerra en Irak, una nueva ruta de oro puede aparecer; y por otro, nos referimos a “pit”, el bar más antiguo de la ciudad, donde nos encontramos rodeados de tramperos con sus enormes barbas. El tipo de ambiente que Jack London probablemente encontró en su época. De hecho, al final del pueblo se puede ver la cabaña donde el escritor pasó el invierno de 1897- 98.

El auténtico Gran Norte

En Dawson City tenemos la sensación de estar realmente en el Gran Norte, ya que “disfrutamos” de la experiencia de sentir caer el termómetro dramáticamente. Durante 5 días seguidos, nos enfrentamos a temperaturas entre -40 y –45ºC. Cogidos por sorpresa, nos olvidamos de enchufar el calentador del bloque del motor, y por si fuera poco no podemos arrancar el 4x4: se ha helado el aceite. Hemos de llamar al servicio de asistencia, y después de dos horas (eso sí, calentitos) el motor arranca sin problemas. A pesar del frío, la vida en Dawson City continúa como si nada. Para hacer las compras se acude al Grocery Store, donde cualquier cosa sirve como cesta, incluso un trineo tirado por un perro. Asistimos a un auténtico desfile de ropa: gorros de coyote, manoplas de castor, botas inflables capaces de soportar temperaturas de hasta -80. En las calles de la ciudad o en la estación de servicio, las motos de nieve son mayoría. Sobre el río Yukon, cubierto por una capa de hielo de más de un metro de espesor, construyen un puente de hielo que utilizan coches y camiones ¡Es el bautizo de este elemento para el Scénic RX4! Tras las dunas del desierto de Irán, el barro en las rutas de Indonesia y las altitudes de los Himalayas, nuestro 4x4 se enfrenta a una nueva prueba. Una más... También nos disponemos a experimentar un nuevo tipo de aviación. Con Eric, un piloto de campo, salimos a sobrevolar los alrededores, pero antes nos pasamos dos horas quitando la nieve de las alas del avión y derritiendo el hielo sin dejar absolutamente nada, ya que cualquier modificación de la forma del fuselaje puede ser fatal…

La llamada del norte

La principal fobia de los habitantes del Gran Norte es la fiebre de la cabaña, la “Cabin Fever”. Dicho de otro modo, un estado de locura que puede aparecer después de varios meses encerrados. Aún hoy, las dramáticas historias de tramperos que se vuelven locos y empiezan a matar a sus acompañantes o se suicidan son desgraciadamente muy numerosas. ¿La forma de evitarlo?: Salir, pese al frío. Estar activo. Es lo que decidimos nosotros al salir a ayudar a Mike a cortar leña cerca de su cabaña, al norte de Dawson. Durante las 3 ó 4 horas de luz disponible en este período del año, nos ayudamos de las motos de nieve y el trineo para llegar al medio del bosque. Por tramos, la capa de nieve es tal que debemos hacernos camino con las raquetas. En apenas algunas horas cortamos 5 pinos, los troceamos, y los llevamos en trineo a la cabaña. Teniendo en cuenta que la calefacción es exclusivamente una estufa de leña, hay que asegurarse un buen stock de madera. Con Meter hacemos nuestro bautismo con trineos de perros. A -35 grados, con la luz rosa que acaricia la cumbre del Salomón Hill, nos deslizamos en el silencio nevado. No hay ni un ruido más allá del jadeo de los perros y el trineo deslizándose. El Gran Norte nos rodea y nosotros lo disfrutamos.

Así es, entendimos la llamada…

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