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Marismas, arrozales, biodiversidad, impresionantes estampas de jinetes y caballos, fiesta y religión. Todo ello se mezcla en una de las más conocidas zonas de nuestro país debido a sus valores naturales. Sin embargo, y pese a su popularidad, esta comarca cuenta con recorridos muy poco visitados que permiten a los amantes del todo terreno disfrutar de unos parajes incomparables.En principio debemos aclarar que esta ruta transcurre por los márgenes de uno de los espacios naturales más emblemáticos, no sólo de nuestro país, sino de toda Europa, y sujeto a especiales restricciones. Por tanto será necesario extremar aún más si cabe todas las precauciones y normas de comportamiento que deben observarse siempre en cualquier salida por pistas. En todos los caminos descritos en este recorrido está permitida la circulación de vehículos, salvo restricciones puntuales en algún tramo que pueden producirse en determinadas fechas y que más adelante detallaremos. Iniciamos el recorrido en pleno casco urbano de Villafranco del Guadalquivir, en la gasolinera. Antes podemos, sin embargo, conocer algunas pequeñas poblaciones de los alrededores como Alfonso XIII, Queipo de Llano o el antiguo embarcadero sobre el Guadalquivir. Desde la gasolinera y en apenas 400 metros tomamos a la derecha una pista asfaltada señalizada hacia el centro de visitantes J. A. Valverde. En 3,6 kilómetros llegamos a un cruce donde aparecen los primeros carteles del parque de Doñana, así como del nuevo corredor verde que se está construyendo en las zonas afectadas por el vertido tóxico de la mina de Aznalcollar. Este desgraciado accidente a punto estuvo de afectar gravemente al Parque Natural, pero afortunadamente el lodo tóxico se pudo detener justo aquí, ya prácticamente en plena marisma. Desde este punto (casilla 3) vamos a internarnos durante casi una quincena de kilómetros hacia el sur en plena marisma, y visitaremos un antiguo poblado de chozas de cantarita. Para ello tomamos la pista de la izquierda, aunque posteriormente debamos regresar por el mismo camino. La pista construida sobre un dique elevado sobre el terreno se dirige prácticamente recta hacia el sur. A nuestra izquierda podemos observar los arrozales y otros cultivos, mientras, a la derecha, tenemos una zona de marisma prácticamente cubierta por el agua, poblada de flamencos, ansares y otras especies. Es, por eso, recomendable, llevar unos buenos prismáticos. Pronto es visible junto a la pista el depósito de agua y mirador del antiguo poblado, situado en medio de un paisaje totalmente llano, que impresiona por la falta de relieve y la carencia de árboles. En el último tramo, antes de llegar al poblado, es necesario extremar las precauciones, ya que con barro se vuelve especialmente resbaladizo, y la estrecha pista no permite despistes. Hay, además, algunos pequeños derrumbamientos en los márgenes que dificultan aún mas el tránsito. Este pequeño poblado, formado por varias edificaciones construidas al estilo tradicional de la comarca, con techos de borra, una estructura de madera exterior que lo sujeta, y paredes que forman una especie de segunda estructura interna, es antiguo refugio de pastores y cazadores. Hoy está abandonado y sobre él pesa una clara amenaza de ruina. Subiendo a su torre y depósito de agua conseguimos unas excelentes vistas de la interminable marisma que se extiende alrededor. Hacia el noreste se pueden ver también las edificaciones de Villafranco. El centro de visitantes El regreso debe realizarse por el mismo sitio, hasta llegar de nuevo al cruce (casillas 3 y 5) donde ahora giramos a la izquierda por un paso inundable cementado. En apenas un kilómetro tomamos de nuevo a la izquierda siguiendo una vez más los carteles que indican hacia el centro de visitantes J. A. Valverde. La pista, en buen estado, se dirige hacia el sur, prácticamente paralela a la que habíamos tomado antes para visitar el poblado de chozas, y pasa junto a una de las estaciones de bombeo de la marisma, donde aún pueden verse carteles del antiguo Iryda. En la casilla 10 torcemos a la derecha, hacia el oeste, siguiendo como hasta ahora las indicaciones del centro de visitantes. El paisaje continúa siendo la marisma, se suceden las zonas inundadas junto a otras con menos agua. Esta zona presenta sorprendentes contrastes en las diferentes épocas del año. Aunque depende del régimen de lluvias, entre finales de mayo o principios de junio y finales de octubre o principios de noviembre se presentan prácticamente secas, una especie de desoladas llanuras, casi desérticas, donde sólo crecen algunos matorrales bajo un calor infernal. En cambio a partir de noviembre el agua de lluvia y los aportes de distintos arroyos van llenando la llanura de fondo arcilloso en el que el agua no se filtra. El resultado es una superficie acuática con aspecto de lago inacabable del que surgen pastos verdes y en el que encuentran su hábitat natural multitud de aves que comparten el terreno con vacas y caballos. Finalmente aparece como un accidente en la llanura el centro de visitantes J. A. Valverde, sin duda por su difícil acceso uno de los menos conocidos del Parque de Doñana, pero también uno de los más sorprendentes. Se trata de un edificio de construcción moderna pero que respeta la arquitectura tradicional de la comarca. En él hay una interesante exposición sobre las aves que habitan la marisma y los usos, costumbres y antiguas tradiciones de la zona. Además podemos acceder a una cafetería, todo ello con excelentes vistas a un lucio. Así se denomina a aquellas lagunas más profundas que el resto de la marisma donde el agua se mantiene durante casi todo el año y que en verano concentran una gran variedad de fauna. J. A. Valverde fue un naturalista descubridor de varias especies endémicas. Actualmente se le considera como uno de los "padres" de Doñana, ya que luchó para conservar este espacio natural y hubo de enfrentarse a algunos planes que durante los años cincuenta pretendían desecar por completo la marisma y transformarla en cultivos. Camino del Rocío Tras esta visita prácticamente obligatoria, continuamos de frente por la misma pista, señalizada ahora hacia El Rocío. Luego entramos en una zona en la que en invierno -la mejor época para conocer las marismas- el agua domina por completo el paisaje. En determinadas fechas, especialmente cuando hay romería en El Rocío, en la cancela de la casilla 13 se prohibe el paso, por lo que la única opción es regresar hasta el cruce anterior y tomar la pista que se dirige hacia Villa-manrique de la Condesa. Desde allí se puede acceder a El Rocío por una antigua pista recientemente asfaltada (pasando por la casilla 18). Siguiendo de frente pronto el paisaje cambia y entramos en un bosque de pinos, eucaliptos y otros árboles. El firme de la pista se vuelve arenoso, hasta salir en la casilla 15 a la llamada "Raya Real", una ancha pista de firme arenoso pero con grandes charcos en invierno, que es uno de los cinco caminos tradicionales que conducen a El Rocío. Desde este punto ofrecemos dos opciones: De frente, en apenas 5 kilómetros, se llega a la aldea de El Rocío, pero en invierno este tramo puede estar cortado porque el vadeo de un arroyo puede ser impracticable. La otra opción es girar a la derecha, hacia el norte, para hacer algunos kilómetros de la "Raya" pasando por el Palacio del Rey, un antiguo y bello cortijo aislado en el pinar en el que residían los reyes cuando venían a cazar al Coto. Si tomamos esta opción en once kilómetros saldremos a una carretera que conduce hasta El Rocío, donde pondremos punto y final a esta inolvidable ruta. |