La gama Toyota de todoterreno vive un momento realmente dulce en nuestro mercado: el Land Cruiser lidera la lista absoluta de ventas por modelos, mientras que el RAV4 es el más vendido entre los todocamino y se sitúa en una inmejorable tercera posición general. La oferta se completa con dos modelos más: por un lado el pick-up Hilux, destinado a los que buscan un vehículo mixto para utilizar en tareas profesionales y de ocio; y por otro, el gigantesco Land Cruiser 100 en sus versiones HDJ -diesel- y UZJ -gasolina-, considerado como una auténtica referencia entre los aficionados al off-road por su buen hacer en los terrenos más complicados.
Para recordar las prestaciones de estos modelos, la firma japonesa nos citó en tierras murcianas, cerca de La Manga, lugar que iba a ser el punto de partida de una interesante ruta en horario nocturno que nos permitiría recorrer diversos parajes de los alrededores de Cartagena.
| Desde algunas cimas podía apreciarse una excelente panorámica de Cartagena y alrededores. |
Con los últimos rayos de sol iniciamos el recorrido desde Los Belones, avanzando durante los primeros kilómetros hacia Playa Lastre. De allí, el rutómetro nos trasladaba a los alrededores del complejo químico de Cartagena -todo un espectáculo durante la noche- donde se iniciaba una estrecha y pedregosa pista que ponía especialmente a prueba la solvencia de los neumáticos. Los BF Goodrich Mud Terrain montados para la ocasión en la mayoría de los vehículos participantes en la ruta pudieron aquí demostrar su solvencia ante los tan temidos pinchazos.
Después de cruzar Cartagena por la zona portuaria siguiendo las coordenadas del rutómetro, nos dirigimos hacia Tentegorra, desde donde iniciamos otra etapa off-road con fuertes ascensos y descensos que ofrecían excelentes vistas panorámicas de la zona. Los últimos kilómetros de la etapa nos llevaban a una preciosa cala de Portús, donde se instaló el cuartel general para la cena, sin duda en un marco de incomparable belleza y atractivo.
Fuerzas renovadas
Después de reponer fuerzas nos esperaba la segunda parte del recorrido, más larga en kilometraje y cargada de emociones. La navegación, aún más importante, transcurrió en su mayoría por diversas ramblas de la zona.
En ellas hubo ocasión de atravesar varias trialeras donde insertar las reductoras -obviamente en el RAV4 no era posible- y de paso comprobar la eficacia de las ayudas electrónicas que equipan estos vehículos. Los más hábiles en la complicada navegación nocturna finalizaron los aproximadamente 110 kilómetros de la ruta hacia las dos de la madrugada, aunque algunos no concluyeron hasta superadas las cuatro. Valió la pena trasnochar un poco.