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Viernes, 18 de mayo 2012
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Cáceres

Las Hurdes


Como viene ocurriendo desde hace años, Toyota organizó en noviembre la Aventura 4X4, un evento que tiene como finalidad acercar su gama de vehículos todoterreno a la prensa de nuestro país y, de paso, dar a conocer espacios físicos poco divulgados. Para el 2005 el lugar elegido fue la región de Las Hurdes, una zona del norte de Cáceres, frontera natural entre Las Batuecas salmantinas y el resto de la provincia extremeña, que casi mantiene su tradicional carácter remoto por lo enrevesado de la orografía. Esther de Aragón

La cita en esta ocasión partió de la misma estación de ferrocarril de Salamanca capital, muy cerca de la cual se había previsto la comida, en un magnífico cortijo salmantino cuyo edificio principal se encontraba rodeado de bellas dehesas en las que pastaban reses bravas y caballos. Los coches estaban preparados para, nada más acabar la comida, partir hacia la “Aventura”, lo que se efectuó rápidamente, pues las horas de luz en noviembre son escasas. Durante esta primera jornada los asistentes entramos en contacto con las zonas exteriores de la región hurdana, pero ya nos hicimos una buena idea de cómo era este espacio al ascender a la cima del Calama, desde donde las perspectivas se abrieron sobre el río Alagón y el embalse de Gabriel y Galán; la belleza de los meandros, los agrestes montes y una naturaleza apenas manipulada, entre la que pudimos ver moverse algunos ciervos, llenaron ese primer día y avanzaron sugerentes expectativas sobre lo que iba a ser el siguiente.


 

   
  Desde las zonas más altas las panorámicas abrumaban por su extensión; veíamos la Sierra de la Peña de Francia y las cimas de las sierras hurdanas, infinitas, susurrando la belleza de los múltiples rincones que esconden.  
 
 


Tras la noche en la hospedería real de Las Mestas, y habiendo leído el dossier que nos acercaba a la historia y configuración de Las Hurdes, comenzó la segunda jornada. Con los coches divididos en dos grupos, para que todos tuviéramos la oportunidad de probar los diferentes modelos de Land Cruiser, Hi-lux y Rav 4, iniciamos el recorrido. Apenas apuntaba el día cuando abandonamos la hospedería; montes y valles aún guardaban el silencio del amanecer, pero muy pronto se perfiló el inquietante paisaje de Las Hurdes. Los ascensos y descensos dejaban en suspenso el alma, ofreciendo inquietantes imágenes sobre valles cortados en v, estrechos, aparentemente impracticables, pero con pequeñas alquerías que adaptaban su caserío a la verticalidad de las laderas. La primera parte de la ruta atravesó los valles más inaccesibles, aquellos que mantuvieron incomunicada a la región durante muchos siglos de historia, a los que apenas llegaron medicinas, alimentos y que fueron la causa de que Alfonso XIII, a petición de la opinión pública del país, realizara una visita en 1.922, precedida por un equipo de médicos a las órdenes de Gregorio Marañón. Lo cierto es que hoy apenas queda nada de Las Hurdes de antaño, pero su escarpada orografía, junto a otras cuestiones históricas, hacen entender el porqué de la incomunicación y lo difícil que resultó abrir la zona al resto de España.

Ante nosotros apareció el valle del río Ladrillar, también conocido como Riomalo porque la verticalidad de los montes, lo estrecho de su espacio inferior y la eterna pizarra hurdana, siempre han posibilitado el imparable y rápido descenso de las aguas desde zonas altas, haciendo a los hurdanos del citado valle perder sus casas y sus diminutos huertos. Los diferentes recorridos, diseñados para las distintas aptitudes de los vehículos de la gama todoterreno de Toyota, se unían y se separaban en algunos tramos, hasta llegar a la población de Nuñomoral, en pleno valle del Hurdano, donde estaba prevista una parada y un café para volver a hacer un cambio de coches.

Como si nos hubiera sabido a poco el comienzo, emprendimos enseguida la nueva etapa y lo hicimos con imparables ascensos hasta tocar el techo de Las Hurdes. Desde las zonas más altas las panorámicas abrumaban por su extensión; veíamos la Sierra de la Peña de Francia, con su emblemático pico delineándose en el horizonte, así como las cimas de las sierras hurdanas, infinitas, susurrando la belleza de los múltiples rincones que esconden. La pista se movía de ladera en ladera con caídas verticales y profundas a uno de los lados; nos detuvimos un momento en la zona alta del valle del Malvellido, allí donde comienza la andadura de esta corriente que baña el barranco más escondido de Las Hurdes; por debajo de nosotros quedaban las pequeñas y recónditas alquerías de El Gasco y Fragosa, con sus casas tradicionales de pizarra hurdana, el llamado Volcán del Gasco -en realidad un meteorito que cayó en la zona-, así como los diminutos bancales, pequeños espacios arrebatados a los montes que desde hace muchos siglos cultivan los hurdanos. Mientras nuestros vehículos seguían los caminos, admirábamos el paisaje y la desgarradora naturaleza hurdana, capaz de crear saltos de agua de cien metros de altura y angostos valles, como rincones de insólita belleza, llenos de madroñeras y de brezo, de castaños y madreselvas, de tomillos... Por desgracia también pudimos contemplar un tramo en el que el fuego había golpeado implacable; con angustia vimos los restos de pinares que se habían consumido dos o tres años antes.

El final de la ruta nos hizo abandonar la Sierra del Horno y ascender la Sierra del Cordón; quedaba la sorpresa final, una magnífica subida y el Melero -como se conoce en la zona al meandro más pronunciado del Alagón- bajo nuestros vehículos; la belleza del entorno desde aquel punto nos dejó asombrados, pues el horizonte se extendía sin límites sobre las sierras de la Peña de Francia, de Lagunilla, de Béjar -que lucía un manto blanco- y de los Ángeles; de nuevo contemplamos el embalse de Gabriel y Galán abriendo la línea del Alagón y devolviendo el reflejo de la luz sobre las aguas. El final de la jornada nos llevó a Riomalo de Abajo y a un conocido restaurante, en el que tuvimos la oportunidad de hacer una degustación de comida tradicional hurdana, en la que no faltaron las setas y el cabrito.
Toyota daba por finalizado su evento en Salamanca capital, dejando un gran sabor de boca a aquellos que habían tenido la oportunidad de descubrir Las Hurdes Altas a bordo de uno de los todoterreno y todocamino de la marca.

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