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Los escritores románticos europeos que recorrían Andalucía en el siglo XIX, encontraron en las andanzas de Jose María "El Tempranillo" abundante inspiración para sus crónicas. A decir de muchos se trata del último bandolero romántico, que ayudaba a los pobres y sólo robaba a los ricos. Sus aventuras, que sucedieron a caballo entre las actuales provincias de Málaga, Sevilla y Córdoba, le convirtieron en uno de los bandoleros más famosos de la historia. Curiosamente terminó siendo guardia y persiguiendo a otros bandoleros.
Por Francisco DíazNacido en 1805 en la localidad de Jauja, un asesinato cuando aún era adolescente llevó a Jose María a echarse al monte, de ahí su mote de "El Tempranillo", y tras juntarse con la banda del Niño de Écija creó su propia partida. Precisamente en esta localidad de Jauja iniciamos nuestro recorrido, partiendo por asfalto para inmediatamente cruzar el río Genil por un antiguo puente de hierro y dirigirnos a través de la fértil vega del río hasta la cercana localidad de Badolatosa, desde donde continuamos en dirección oeste hacia Casariche. En la casilla 4 tomamos el primer tramo de pista, ahora en dirección norte. El camino se adentra entre interminables hileras de olivo, un paisaje arquetípico en todo el interior de Andalucía que nos acompaña en buena parte de la ruta. Tras dejar a nuestra izquierda unas naves ganaderas seguimos por la pista, que se encuentra en buen estado, para salir brevemente al asfalto en la casilla 6. Rápidamente abandonamos la carretera para continuar junto al cauce de un arroyo y poco después cruzar una finca en la que los olivos dejan paso a algunos viñedos y frutales, llegando muy pronto a la pequeña aldea de La Mina, que atravesamos para avanzar por pista hacia el final del pueblo. Existen numerosos caminos en toda esta zona que dan servicio a las innumerables parcelas, en su mayor parte de olivos, aunque también encontraremos parcelas dedicadas al cereal de secano. Siguiendo con nuestro avance en dirección norte, pasamos junto al llamado Cortijo del Judío, parcialmente derruido, y poco después llegamos a una nueva línea del AVE que debemos salvar por un paso elevado hasta salir otra vez al asfalto. Estamos ya muy cerca de la población de Herrera, una de las más importantes de esta comarca. Una vez en Herrera atravesamos el pueblo siguiendo siempre los carteles que nos indican hacia Écija. Ya a la salida del pueblo, y tras pasar el puente sobre un pequeño arroyo, dejamos la carretera hacia la izquierda, y pronto -casilla 24- llegamos a una pista principal que prácticamente rectilínea se dirige hacia el norte. El paisaje varía y los olivos van dejando paso poco a poco a otros cultivos como los vistosos girasoles y otras plantaciones de regadío, cuyo verdor contrasta con algunas parcelas sembradas de secano. La pista se encuentra en general en buen estado, y no es raro encontrar algún vehículo, ya que es un camino muy utilizado por los vecinos del pueblo. Continuamos durante algunos kilómetros siempre por la misma pista, hasta que en la casilla 29 llegamos a una estrecha carretera secundaria que simplemente cruzamos. Poco después salimos a una pista principal por la que proseguimos siempre en dirección norte. A los lados dejamos varios cortijos, algunos en ruinas y otros bien cuidados. En esta zona predominan los regadíos, existe toda una red de canales y bombas que se encargan de distribuir el agua. La pista se encuentra en excelente estado y no plantea ninguna dificultad, aunque como siempre, debemos moderar la velocidad y respetar al resto de usuarios del camino. En la casilla 38 salimos al asfalto, y continuamos hasta la localidad de Écija que rodeamos siguiendo el trazado por el casco urbano de la antigua nacional IV con las indicaciones hacia Córdoba. Justo después de atravesar el río Genil, tomamos dirección hacia Palma del Río, y en el siguiente cruce dejamos la carretera para volver hacia el casco urbano siguiendo las indicaciones de "Écija Norte". Por último llegamos a una rotonda en la que giramos en dirección al cercano cementerio, y junto a él parte la pista por la que vamos a continuar, otra vez en dirección norte, teniendo siempre a nuestra izquierda el cauce del Genil. Este tramo, con barro, puede plantear dificultades, ya que en la pista se forman grandes charcos. Tras algunos kilómetros nos encontramos de nuevo con el asfalto, prácticamente ya en el casco urbano de la población de Cañada del Rosal, un típico pueblo agrícola fundado en la época de la "colonización agraria". Después de atravesar el pueblo vamos a enfrentarnos al que probablemente es el tramo más dificultoso de esta ruta, en primer lugar por la posible aparición de barro en algunos tramos, y después por la multitud de caminos que recorren toda la comarca y que pueden dar lugar a error, aunque básicamente continuamos hacia el norte, en busca de la vega del Guadalquivir. Finalmente recalamos en la pequeña aldea de la Graja, donde reencontramos el asfalto, en este caso una estrecha pista pavimentada que muy pronto nos lleva hasta la población de Palma del Río. Tras cruzar el pueblo, el último tramo en dirección a Hornachuelos lo debemos realizar por asfalto debido a la presencia de grandes fincas cerradas que impiden el avance por pista. En Hornachuelos ponemos punto y final a este recorrido, al igual que lo hizo en su momento "El Tempranillo", que falleció a la corta edad de 28 años, tras haber sido indultado por el rey Fernando VII y pasar a comandar el llamado "Escuadrón Franco de Protección y Seguridad de Andalucía", dedicado a perseguir bandoleros. Paradojicamente murió ejerciendo de guardia. Por Francisco Díaz |