|
Relacionados
Enlaces
Descargas
|
|
|
Iniciamos este recorrido en la localidad murciana de Moratalla, en la parte noreste de la región que hace frontera con tierras de Albacete. Esta antigua población cuenta con un bien conservado casco antiguo que mantiene todo su sabor medieval y un trazado urbano herencia de sus primitivos habitantes árabes. También puede visitarse el castillo que domina el enclave desde su altozano, aunque de la antigua construcción sólo se conserva la maciza torre con 22 metros de altura. El término de este municipio, que es muy extenso, se halla disperso en decenas de pequeñas aldeas y caseríos, algunos de ellos, como veremos, ya abandonados. María de la EsperanzaEl rutómetro comienza en la gasolinera Cepsa situada a las afueras del pueblo, en la carretera de Calasparra. Al llegar al semáforo giramos a la derecha tomando una carretera bastante retorcida que discurre a través de una rica vega. En este tramo se encuentran algunos de los establecimientos hoteleros de la población. Continuamos por asfalto hasta el paraje conocido como “La Puerta”, una espectacular formación rocosa ahora situada en terrenos de un camping. Para visitarla hay que alojarse en él o pagar dos euros para entrar. Junto a la misma puerta del alojamiento turístico comienza la pista que pronto asciende hacia la enriscada serranía. Con un firme en buen estado va pasando cerca de algunos cortijos, casas aisladas en la sierra en su mayoría en ruinas, aunque unas pocas han sido restauradas. Esta serranía recibe el nombre de Sierra de los Cerezos, dado que éstos son los árboles que cubren los terrenos fértiles que se pueden aprovechar entre las zonas de roca. En esta época del año, con la flor en su apogeo, presentan su colorido más espectacular.
Siguiendo por la pista principal vamos dejando a los lados diversas variantes, para finalmente cruzar un pequeño arroyo y continuar ascendiendo por la ladera contraria. El paisaje es espectacular, con grandes farallones rocosos que bordean el valle por el que circulamos. Pero pronto la excelente pista se estrecha para convertirse en un camino lento y pedregoso. Avanzamos en dirección sureste, pero ahora a un ritmo mucho más lento. A medida que ascendemos también el paisaje va variando: los cultivos de cerezos dejan paso a un frondoso bosque mediterráneo en el que el camino se presenta, en ocasiones, como un túnel entre la vegetación.
Después de iniciar el descenso, en la casilla 10, salimos a una pista principal en buen estado, y poco después al asfalto, que tomamos durante algunos kilómetros hasta la población de Campo de San Juan. Allí giramos siguiendo las indicaciones que señalizan hacia el embalse de la Risca, y una vez lo alcanzamos, tras pasar sobre el dique, nos dirigimos hacia el Sabinar por una antigua pista ahora asfaltada. En la casilla 14 salimos a la carretera que recorre todo el valle y da acceso a las pequeñas poblaciones, semiabandonadas en la mayoría de los casos. Pronto accedemos, a la izquierda, a una pista que discurre de nuevo entre cultivos y bajo unos espectaculares cortados rocosos. Salimos brevemente al asfalto junto a la diminuta población de Bajil, donde tomamos un estrecho camino, apenas utilizado, que de nuevo se interna en la serranía. Este tramo desciende hacia un estrecho valle, lo atraviesa, e inicia un nuevo ascenso por una zona pedregosa y lenta para remontar una colina. El terreno, cubierto de grandes rocas blanquecinas, desciende a continuación hasta la aldea de Rincón de los Huertos, donde encontramos otra vez el asfalto.
Por la estrecha pista asfaltada bajamos una vez más a la carretera principal que habíamos dejado en la casilla 15, para llegar a Casicas del Portal. Allí tomamos de nuevo un camino que discurre entre cultivos de secano, nos interna entre cortijos en ruinas, y nos lleva hasta la población abandonada de Charán. Desde este lugar regresamos por el mismo camino hasta salir a la carretera, y el último tramo de asfalto nos sirve, en esta ocasión, para alcanzar la población de Benízar, donde damos por finalizado este itinerario. Poco antes de llegar al pueblo son visibles los restos de su castillo, apenas algunos paños de muralla situados sobre un risco de dificilísimo acceso. En el primer nivel se han encontrado restos de murallas y distintas construcciones. La torre del homenaje, situada sobre una roca de más de cuarenta metros de altura, ocupa un segundo nivel. De hecho no existe ni existía camino para llegar a la parte superior de la fortaleza, sus defensores entraban y salían por medio de escalas, escaleras de madera o algún rudimentario sistema de plataforma móvil. El castillo data del Siglo XII y fue construido por los musulmanes como atalaya para controlar el valle. Actualmente es de propiedad particular. |