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El noroeste de la provincia de Guadalajara esconde entre solitarias montañas algunas sorpresas, como representa, sin duda, la localidad de la Vereda, con una inaudita historia tras los muros de sus casas.Comenzamos este recorrido en la localidad madrileña de Patones de Abajo, muy cerca de Torrelaguna y, por tanto, de la A-1. En Patones de Abajo la carretera es también la principal calle del pueblo, y frente al único bar existente –situado al lado de la farmacia– pondremos el parcial del cuentakilómetros a 0,0 y continuaremos en dirección este, recorriendo por esta carretera poco más de cuatro kilómetros para desviarnos a la izquierda, señalizado hacia el Pontón de la Oliva. Tras pasar junto a una vega con un antiguo merendero, la carretera, más bien una pista asfaltada, comienza a ascender vertiginosamente, pasando por un espectacular mirador en el que se aprecia el valle entre dos grandes roquedos. La pista continúa hasta que a nuestra izquierda observamos una población, en concreto Alpedrete de la Sierra, localidad en la que no llegamos a entrar, ya que giramos a la derecha, y unos metros más abajo tomamos una pista a la izquierda, señalizada como “camino de servicio” que discurre paralela a una canalización perteneciente al Canal de Isabel II, organismo que cuenta con numerosas instalaciones en toda esta zona, que se van a repetir a lo largo del recorrido propuesto. Continuamos por esta pista hasta que en la casilla 5 nos cruzamos con otra, que tomamos hacia la izquierda. A partir de aquí, y sin dejar en ningún momento esta pista, que será siempre la principal, vamos a afrontar un largo tramo de unos 20 kilómetros en los que el camino discurre en su mayor parte a media ladera, serpenteando para salvar los diferentes valles y con los picos más altos de la vertiente sur de la Sierra de Ayllón siempre a nuestra izquierda. Encontramos distintos tipos de paisajes, desde los inevitables pinos de repoblación hasta zonas de matorral y vegetación de ribera junto a los arroyos. En la casilla 13 llegamos a una estrecha carretera que tomamos a la izquierda y por la que seguimos hasta la presa de El Vado. A la izquierda son visibles los restos de distintos edificios, también del Canal de Isabel II, y que formaban una pequeña población hoy abandonada. Junto a la presa tomamos otro largo tramo de pista que finalmente nos conduce, sin posibilidad de pérdida, a la población de la Vereda, que vemos desde la pista en un altozano antes de llegar. A finales de los años 60 el extinto ICONA decidió repoblar con pinos toda esta comarca, al igual que sucedió en otras zonas de España como el Prepirineo o el norte de Soria, para lo que expropió todas las tierras, e incluso las viviendas, que se pagaron a sus habitantes. De esta forma la Vereda y otras aldeas de la comarca, con una rica historia ya que habían pertenecido a la antigua Comunidad de Villa y Tierra de Sepúlveda, quedaron abandonadas. Para evitar que sus pobladores regresaran, el ICONA utilizó el expeditivo método de derribar todas las edificaciones de las aldeas expropiadas y por tanto deshabitadas. Pero antes de que esto sucediera con la Vereda, un grupo de antropólogos y arquitectos llamó la atención sobre el valor histórico de las viviendas, realizadas a base de lajas de piedra de pizarra, al igual que otros de los llamados “pueblos negros” de la Sierra de Ayllón. De esta forma se creó una asociación que durante casi una treintena de años ha ido recuperando las casas con materiales y técnicas tradicionales hasta dejar el pueblo en su estado actual, digno, cuando menos, de una visita, y aunque no vive nadie de forma permanente, los miembros de la asociación pasan allí casi todos los fines de semana del año y otros periodos más largos. Curiosamente, la recuperación del pueblo ha provocado diversos litigios que incluso han llegado a los tribunales con los descendientes de los antiguos habitantes del pueblo. Tras la obligatoria visita a La Vereda continuamos por la pista, dejando la principal en la casilla 18, para tomar otra en peor estado – ojo a algunas “bañeras”, especialmente con barro – y dirigirnos a la cercana Matallana. Este otro pueblo abandonado presenta una curiosa disposición en forma semicircular, con las casas dispersas al principio de una ladera. Aquí también se están recuperando algunas casas, pero el conjunto no está tan cuidado como La Vereda. Nuestra intención era, siguiendo por la pista principal, dirigirnos hacia la población de Colmenar de la Sierra, para acabar allí la ruta, pero la cantidad de nieve presente en el último tramo –esta pista llega a una altura cercana a los 1.600 m– nos lo impidió, por lo que en el rutómetro indicamos el regreso por el mismo camino para finalizar en la localidad de Tamajón. De todas formas, para aquellos que quieran terminar en Colmenar de la Sierra es suficiente con girar a la derecha en la casilla 20 y continuar siempre por la pista principal. |