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Casi desconocidas, las serranías que separan las provincias de Valencia, Alicante y Albacete, esconden en su interior paisajes espectaculares, atravesados actualmente por
largas pistas que, desde las cercanías de Valencia, nos
conducirán, siguiendo los pasos de las huestes del Cid, hasta la población alicantina de Villena.Comenzamos este largo recorrido en la valenciana población de Buñol, junto a la autopista A-3, a unos 35 kilómetros de la capital. El comienzo del rutómetro está situado en la salida del pueblo, cuya trama urbana es un tanto caótica, por lo que conviene seguir las indicaciones que señalan hacia el jardín de San Luis. Hacemos los primeros kilómetros por una carretera que discurre entre un frondoso pinar, hasta que en la casilla 4 comienza la pista en el llamado camino de “Cañalarga”, que discurre saltando entre colinas cubiertas de arbustos, y nos conduce muy cerca de la población de Los Ríos. No llegamos a entrar en ella, y a partir de la casilla 5 nos dirigimos hacia el sur por el llamado camino “de la nevera”, que nos obliga a ascender por un tramo pedregoso y, en ocasiones, lento e incómodo. Finalmente, remontamos un collado y bajamos para alcanzar, en la casilla 10, una pista principal en excelente estado por la que continuamos nuestro descenso hacia el sur. Siguiendo por esta pista llegamos hasta la llamada “Casa de las Villas”, una antigua casa forestal situada en un lugar elevado de la serranía, lo que la convierte en un excelente mirador, desde allí iniciamos el descenso a través de un bien cuidado pinar que finalmente nos conduce al asfalto, y sobre esta superficie nos presentamos en la diminuta aldea de Mijares. Desde ella salimos a la carretera, que continúa en dirección a Hortunas de arriba. Tras seis kilómetros por el asfalto, tomamos a la izquierda una pista (casilla 18) que, tras cruzar el llamado Río Magro y atravesar una pequeña zona de cultivos en el valle, pronto asciende hacia la sierra. A partir de aquí solamente hemos de tener cuidado entre las casillas 23 y 24, tramo en el que la pista se convierte casi en una trialera muy estrecha y con algún paso complicado entre piedras, lo que no supone ningún problema para nuestro Santana Anibal. En la casilla 24 salimos a otra pista por la que franqueamos la rocosa sierra. Comenzamos a bajar por este camino ancho y en buen estado, pasando por una zona de contrafuertes rocosos donde, con un poco de suerte, es posible ver cabras montesas, muy abundantes en esta zona. Pronto observamos abajo, en el valle, el pequeño embalse de Forata, y en la casilla 28 salimos al asfalto. El Río Júcar A partir de este punto el río Júcar se convierte en un obstáculo demasiado importante, por lo que es preciso que efectuemos un tramo de enlace por carretera, hasta llegar a Cortes de Pallás, población situada junto al llamado embalse de los Embarcaderos, que es uno más entre los que en toda esta comarca remansan las valiosas aguas del Júcar. En la mayoría de mapas la carretera termina en el pueblo, sin solución de continuidad, pero atravesándolo se puede tomar una pista forestal asfaltada, aunque en un estado deplorable, con baches y agujeros continuos que la hacen aún más incómoda que cualquier pista de tierra. Este trazado surca la parte superior de la llamada Muela de Cortés, una meseta que, como veremos más adelante, termina despeñándose de forma espectacular. En la casilla 36 dejamos la pista asfaltada hacia la derecha, continuamos por un camino de tierra que muy pronto llega al borde del farallón rocoso de la “muela”, y rápidamente inicia un vertiginoso y espectacular descenso. A medida que bajamos hacia el valle podemos observar la “muela” en toda su grandeza, con paredes casi verticales y salientes que conforman oquedades y cavernas naturales, por otra parte muy abundantes y conocidas en la comarca. En la casilla 38 salimos a una pista asfaltada que recorre el fondo del valle. Avanzamos por ella apenas un par de kilómetros e inmediatamente tomamos otro camino hacia la izquierda, afrontando a partir de aquí un largo tramo de casi 17 kilómetros a través de una pista casi siempre sinuosa y en ocasiones lenta y pedregosa. A nuestra izquierda vamos dejando las últimas alturas de la muela, y salvando varios arroyos nos situamos en la casilla 43, aquí la pista se hace anchísima y rápidamente vuelve a descender, saliendo en la casilla 44 a una nueva pista asfaltada, por la que seguimos en dirección sur. En apenas dos kilómetros, el asfalto desaparece y da paso a un firme de tierra que nos acompaña hasta salvar una rambla -cauce de río casi siempre seco- y comenzar el ascenso por una pista cementada en algunas partes para evitar que las rieras la destruyan año tras año. Este tramo totaliza otros 16 kilómetros, tras los cuales entramos de nuevo en una pista asfaltada en deplorable estado, muy cerca de la aldea llamada “Casas de Benali”, que queda a nuestra izquierda, y en la que no llegamos a entrar. Los siguientes pasos nos van a conducir hasta la carretera que une las poblaciones de Enguera y Ayora, vía que dejamos en la casilla 61, girando a la izquierda para internarnos otra vez en pistas, en su mayoría en buen estado, en una zona salpicada de pequeñas aldeas y casas de campo aisladas. Siguiendo siempre en dirección sur, avanzamos hacia una estrecha pista asfaltada que nos permite pasar por la llamada “Torre Tallada”, una finca de singular estilo arquitectónico, y finalmente en la casilla 70 llegar a una rotonda situada junto a la autopista Valencia – Almansa. A partir de este punto el paisaje varía notablemente. Los pinares y zonas de matorrales que mayoritariamente nos han venido acompañando hasta ahora, dejan paso a una zona de frutales, olivos, almendros e incluso viñas, además de algunos cultivos de secano en las zonas más pobres. Tras cruzar bajo la autovía, continuamos por una carretera que conduce a la población de La Font de la Figuera, en la que no llegamos a entrar ya que seguimos por pistas, primero asfaltadas y luego de tierra, hasta la casilla 82, donde tomamos un pequeño tramo de asfalto. Luego, a partir de la casilla 84, continuamos por pista en dirección sudoeste. Finalmente en la casilla 89 encontramos el asfalto en la aldea de “Casas Juntas”, y nos disponemos a realizar los últimos kilómetros del recorrido, con punto de destino en la alicantina población de Villena. Por Francisco Díaz |